El pasado día 3 salía a la venta el ya mítico Diablo III, ya sabéis, el juego de Blizzard que cuya saga es una auténtica leyenda de los videojuegos y que ya tuvo algunas reencarnaciones para consolas allá por los años 90, en PSX, con el primero de todos. Ahora, los de Irvine, tras una relación realmente tormentosa con las consolas que le llevaron a cancelar algunos proyectos que ya tenían muy avanzados hace algunos años (¿alguien recuerda Starcraft Ghost?), han decidido dar el paso en PS3 y Xbox 360 mientras sus millones de fans en PC y Mac fruncen el ceño en señal de desaprobación. ¿Sacrilegio?

Sea como fuere, ya es una realidad que Diablo III está disponible para PlayStation 3 y 360 y, encima, para el año que viene, dará el salto a la ‘next-gen’ con PlayStation 4.

Diablo III, análisis en GamerZona.

Es Diablo y con eso está todo dicho…

Cuando se habla de una saga como esta, conocida por todos los habitantes de la Tierra y que ha demostrado gustar a millones de jugadores en todo el mundo a lo largo de sus 18 años de historia, ponerme aquí a decir si Diablo III es bueno o malo me parece un auténtico ejercicio de estupidez y sería equivalente a hacer un análisis en profundidad del desarrollo del Tetris. ¡¡No hace falta!! Pero no voy a hacer eso. Doy por hecho que ya conocemos lo que hay en este juego, la historia que nos cuenta de Deckard Caín regresando al lugar por el que Diablo entró en el mundo de Santuario y la llegada de un misterioso emisario caído del cielo (literalmente) que viene a advertirles de los terribles males que están por suceder.

Igualmente, no sé si es necesario recordar que este juego se enmarca en lo que muchos han dado en llamar como ‘hack’n slash‘ y que viene a significar que hay que repartir mandobles como panes a las decenas de miles de enemigos que nos vamos a encontrar por los mapas del juego. Un héroe que, por cierto, puede tener hasta cinco clases distintas: Bárbaro (un clásico), Médico Brujo, Mago, Monje y Cazador de Demonios. Cada uno con sus habilidades específicas, sus ramas propias de evolución y su configuración de furia o maná como combustible para realizar un montón de golpes especiales.

Diablo III, análisis en GamerZona.

Y es que una de las gracias de cualquier Diablo es que nuestro héroe va subiendo de nivel, ganando experiencia con cada enemigo que derrota y cada ‘quest‘ que completa, y aprendiendo un montón de habilidades que lo llevarán por sendas muy distintas. Así, el Bárbaro por ejemplo, podemos enfocarlo a producir daño a lo bestia o a resistirlo y eso dependerá de las habilidades que tengamos activas en cada momento. Precisamente, estos conocimientos que vamos añadiendo al inventario pueden cambiarse en cualquier momento por otro del mismo palo, es decir, que dentro de un mismo tipo de habilidades pueden existir cuatro distintas de las que solo podemos utilizar una. A su vez, estas habilidades pueden potenciar su efecto con unas runas que vamos ganando con cada nivel.

Diablo III no es muy complicado, pero sí necesita de un aprendizaje previo que nos permitirá disfrutar del juego bastante. Tanto que podríamos tener en algún momento ciertos problemas para soltar el pad y renunciar a nuestras tareas de limpieza de enemigos dentro del juego. Por suerte, si nos cansamos de destrozarlo todo, siempre podremos refugiarnos en el crafting. Y es que Blizzard ha ido mucho más allá y ha metido (sin calzador) en esta versión para PS3 y Xbox 360 la enorme pata del crafteo. De fabricar objetos para sacarle un buen dinerito.

Bien, aquí hay que hacer un par de apreciaciones. En PC, cuando nos ponemos a construir armas o ítems en el herrero del juego, lo hacemos con dos objetivos muy claros: o bien equiparlos en nuestro personaje, o bien para sacarnos unas perrillas (en dinero real) en la casa de subastas que existe en la versión PC y Mac. Aquí en PS3 y Xbox 360 esta última opción no existe y todo lo que tiene que ver con la fabricación de objetos debemos realizarla con el objetivo de equipar a nuestros personajes o, como mucho, como fuente de ingresos (en dinero virtual) dentro de la partida comerciando con los vendedores.

Diablo III, análisis en GamerZona.

¿Cambia mucho el control sin teclado y ratón?

Si había un punto en el que Diablo III en su llegada a PS3 y Xbox 360 podía naufragar, ése era el del control, el del manejo, ya que siempre es un reto para una compañía hacer un buen diseño para que al cambiar de un teclado a un ratón no se note. Como sabéis, si conocéis a algún ‘pecero’, estos se jactan de que ellos siempre podrán controlar mejor los juegos que con un ‘mandito de consolas’. Pues bien, si en otras ocasiones esto ha sido así (recordad el atentado perpetrado por Bioware con el primer Dragon Age para PS3 y 360, que era incontrolable) en el caso de Diablo III el gamepad no sólo resiste la comparación sino que hay momentos en los que es mucho más cómodo. Y lo dice alguien que ya jugó hasta la extenuación cuando salió en PC en mayo de 2012.

Lo bueno del trabajo de Blizzard es que todo lo que podemos hacer con el personaje cabe en los botones del pad (de PS3, que es el que hemos probado). No le falta nada y sólo la presencia del puntero es lo único que descolocará al ‘pecero’ que quiera abrirse paso entre los demonios. Pero esa es, precisamente, la clave del buen trabajo que ha realizado Blizzard: al no haber puntero no tendremos la sensación de estar jugando con un título de PC reacondicionado en consolas.

Por ejemplo, en los siempre difíciles menús de inventario, comprar/vender, etc., lo que ha hecho Blizzard es diseñar una interfaz circular que se controla con el stick izquierdo: elegimos la categoría de objeto, la seleccionamos y de entre todos los ítems de la misma categoría (guantes, armas, hombreras, pecheras, calzado, etc.) que hayamos looteado a lo largo del juego, elegimos el que nos queremos poner. Ya está. No tiene más complicación.

Diablo III, análisis en GamerZona.

Ese principio lo usa en todo momento así como las (seis) habilidades especiales que puede ir aprendiendo nuestro personaje y que se utilizan pulsando un simple botón: equis, círculo, cuadrado y triángulo, pero también R1 y R2. Con el stick derecho nos evadimos de los enemigos para evitar que nos produzcan más daño y con el L1 nos tomamos la poción de vida que, como sabéis, en la serie Diablo es el botón que más se utiliza. Y con mucha diferencia.

Así las cosas, este nuevo mapa de teclas en el pad provoca un beneficio inesperado ya que la pantalla se queda más limpia, no hay tantos accesos directos en la parte inferior como en la versión de PC y Mac y muchas de las opciones de comunidad tampoco están ya que en PS3 como en Xbox 360 no estaremos tan online . Ojo, que no estemos permanentemente conectados no significa que no tenga alguna opción multiplayer, que la tiene y es un auténtico vicio y, para los que no lo sepan, una de las claves de su éxito histórico desde hace casi 18 años: el cooperativo para cuatro jugadores.

Diablo III, análisis en GamerZona.

Para cuatro jugadores a la vez

Diablo I, II y III es sinónimo de multiplayer cooperativo online (o no) para cuatro jugadores dentro de la propia partida que estamos disputando. Luego si queremos es posible organizar otro tipo de encuentros, como los llamados Matar monstruos donde el único objetivo es acabar con el mayor número de bestias y recoger el botín que van dejando, Refriegas en las que nuestro héroe puede sufrir el ataque de otros jugadores y, finalmente, Guardián de la llave donde podremos seleccionar un acto y entrar a luchar contra esos personajes.

Es aquí cuando realmente Diablo III se vuelve tremendamente divertido, sobre todo si cogemos cierto nivel de experiencia y objetos y queremos seguir mejorando a nuestro personaje. Y es que las partidas online (o con la misma consola) pueden acabar por convertirse en auténticas carreras por el botín, como ocurría en el mítico Gauntlet de los 80 cuando cuatro amigos podían acabar a palos por la codicia de alguno que recogía todo lo que se encontraba a su paso.

Diablo III, análisis en GamerZona.

Un gran juego, por fin en consolas

Sinceramente, ya era hora de que Diablo se dejara ver por Ps3 y Xbox 360 porque no es un desarrollo cuya trasnformación desde el PC sea imposible. Al revés, tanto si habéis jugado con la versión PC como si no lo habéis hecho nunca, Diablo III es un título que parece diseñado para funcionar sin teclado y ratón y además de una forma absolutamente eficiente.

Obviamente faltan cosas como que no hay Casa de subastas y el chateo con nuestros amigos de Battle.net, por lo demás el juego transmite la típica sensación de los títulos de Blizzard: un gran acabado, con un montón de posibilidades de diversión, de retos, de profundidad en las partidas, en la repetición de disfrutar de algunos escenarios con otros personajes y, eso siempre, con un diseño gráfico sensacional que se puede apreciar en los detalles más insignificantes y que se ven arropados por un argumento muy trabajado, lleno de personajes importantes y que nos cautivará desde el primer momento.

Además, por mucho que acabemos sus cuatro actos y alcancemos el nivel 60 con nuestro héroe, Diablo III está pensado para rejugarse decenas de veces gracias a la variedad de clases de los personajes y a los retos o a los modos de dificultad que se van abriendo y poniendo las cosas un pelín más complicadas.

Si las palabras Diablo y Blizzard la teníais desterrada de vuestras consolas por ser ‘marcas de PC’, quitaos esas cosas de la cabeza y abrazad la fe de Caín en PS3 y Xbox 360. Vuestro tiempo libre os lo agradecerá por que pocas veces puede disfrutarse de juegos así de perfectos.

Imágenes del juego

Vídeos del juego

Aquí tenéis todos los vídeos disponibles de Diablo III para PS3 en el canal oficial de Blizzard.

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