Capcom regresa al terreno que más conoce, en el que se labró parte de su leyenda, un poco venida a menos hoy, y que no es otra que la de los arcades puros y duros. La de los desarrollos que huelen a recreativa, que cuentan con un concepto muy, muy sencillo pero que en su endiablada jugabilidad son capaces de enganchar, y mucho, a los jugadores. Y este es el caso de DustForce.

Un producto que no podríamos decir que es 100% suyo ni tampoco excesivamente nuevo, ya que fue desarrollado por Hitbox Team y lleva dos años en el mercado disponible para PC y Mac. Lo que pasa es que tan bueno ha sido su recorrido en ventas y aceptación del público que, ¿por qué no probar en consolas?

La historia de este juego es muy simple: el mundo está lleno de basura y hay que limpiarla. Así que nada mejor que pertenecer al cuerpo de barrenderos que, escobón en mano, debe dejar las plataformas del juego más limpias que una patena. Ya está. Así de simple.

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¿Pero cómo limpìamos la suciedad? Hay que decir que aquí está la gracia del juego ya que nuestro personaje lo único que hace es pasar su arma por todos los lugares de la pantalla para quitar la suciedad y llevársela con él… y la dificultad no la vamos a encontrar en los enemigos, que los hay, sino en el trazado de los mapas.

Estructura ‘arcade’

DustForce está formado en un gran ‘hall’ del que parten todos los escenarios, desde el hotel, hasta los apartamentos de la ciudad, los almacenes, las obras, etc. En el fondo, lo que hay dentro de cada uno de esos lugares son una serie de pantallas donde debemos limpiarlo todo atendiendo a tres criterios muy sencillos: acabado, sutileza y tiempo.

Lo primero es el porcentaje de mugre y suciedad que hemos quitado del mapa antes de acabar con el objetivo de la pantalla, que puede ser un enemigo o varios y aquí lo ideal es limpiar con todo lo que veamos, por lo que conseguiremos una calificación de A, B, C o D. Sutileza, por su parte, es lo bien que lo hemos hecho, es decir, la cantidad de combos (que llama DustForce) que hemos encadenado seguidos y que no son otra cosa que la superficie de suciedad que hemos limpiado sin parar, ininterrumpidamente. De ahí la importancia de correr y correr buscando esos bancos de porquería para llevárnoslos con nuestro escobón.

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Y por último y casi como consecuencia de las dos anteriores, está el tiempo, que cuanto más bajo sea mejor. Es decir, que encima que hay que estar buscando la suciedad para limpiarla y de andar atentos a las plataformas para no caernos al vacío, además hay que completarlo todo a la carrera, como locos. Triple reto.

Un personaje de escobas tomar

Nuestro héroe en realidad no es uno sólo sino cuatro y aunque de primeras no los veáis a todos, será al meternos en las distintas pantallas donde podremos escoger a unos u otros. Amén del color de su mono y que se trata de un chico, un par de chicas y un señor entrado en años, las diferencias son mínimas y lo que vale para uno, sirve para otros.

Como ocurre en este tipo de juegos ‘arcade’ lo es todo saber manejar a nuestro barrendero y como buen hijo de Capcom y sus Ghost’n Goblins, DustForce nos regala a un personaje con doble salto. Y sabéis lo que eso significa además de las similitudes con Sir Arthur: pues que hay que medir mucho cada brinco que pegamos por el mapa cuando nos asomamos a alguna plataforma.

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DustForce tiene la enorme virtud de que nos empuja a correr como locos para obtener una gran marca y en ese punto hay momentos en los que parecemos Sonic arriesgando nuestra vida por los escenarios. Sin embargo, y a diferencia del juego de SEGA, aquí no tenemos tan fácil alcanzar la siguiente plataforma por lo que hay que medir mucho dónde vamos. Es en ese momento cuando el juego pone a prueba nuestros reflejos y nos obliga a exprimir al personaje haciendo gala de todas sus habilidades y, más importante aún, su capacidad para encadenar acrobacias.

Y es que además de de recoger la basura (o el slime), tendremos que saltar, agarrarnos a las paredes (reminiscencias de Strider, también de Capcom), volar horizontalmente atacando a los enemigos, derribar moles de basura voladora (sí, sí, habéis leído bien) que después tendremos que barrer del suelo y, por último, los ataques de área que succionan todo lo que hay a nuestro alrededor.

Diversión ‘a la vieja usanza’

DustForce no es de los juegos que más exigen a la consola (u ordenador) sobre la que corren y en el caso de la que hemos jugado, PS Vita, no tiene nada que envidiarle a las demás. Tanto en potencial de juego como en presentación es idéntica, con unos gráficos que parecen la evolución del ‘pixel perfect’ de los 80 y 90 pero que esconden mucho más: un suavizado en todos sus contornos que le dan cierta apariencia de dibujo animado pero sin olvidarse de ese aire ‘retro’ que en Hitbox Team han querido dejar patente.

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La fórmula de DustForce funciona porque golpea donde más nos duele, que es un nuestra capacidad de intentarnos superar a cada momento, de querer rebajar unos segundos esa marca personal en esta o aquella fase y en alcanzar una A como un castillo en completado o una SS en sutileza. Decir, por cierto, que en esta última categoría sus desarrolladores afirman que menos de 30 personas han conseguido esta calificación en los más de dos años de historia del juego, lo que os debería dar una idea de lo complicado que es hacerlo a la perfección y de las muchas horas que necesita para que podamos rebajar esas marcas.

Y eso que no es nada corto, ya que DustForce cuenta con más de 150 mapas de juego, entendidos estos en los que podemos limpiar y estamos sujetos al cronómetro y a las toneladas de basura que hay que sacar de las calles.

Por cierto, lo que sí tiene es un divertido modo multijugador para cuatro amiguetes a la vez que es realmente divertido ya que recuerda a aquellas coin-op donde el pique se multiplicaba con partidas donde le objetivo es ganar al de al lado consiguiendo una puntuación mayor que, en el caso de DustForce, significa barrer más y con mayor rapidez antes de que se complete la fase.

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En fin, estamos ante un título de esos que enganchan, que entretienen de una manera muy elemental pero no por ello menos divertida que otros lanzamientos más complejos, con mejor tratamiento técnico y hasta con un argumento de esos que muchas veces es mejor olvidar.

DustForce es ‘jugabilidad’ en estado puro, barrenderos ávidos de limpiar las calles en un ejercicio que podríamos casi considerar como ‘nostálgico’ y que gustará a los que de una forma u otra saben lo que es picarse contra el ‘crono’ y los trazados de unos mapas llenos de plataformas que evocan los maravillosos años 80 y 90. Al menos, en lo que a recreativas se trataba… ¿no os parece?

Imágenes del juego

Vídeo del juego

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