Zombies y más zombies. Esa es tabla a la que parece que Techland quiere agarrarse para sobrevivir en esta selva de videojuegos donde de un tiempo a esta parte, o se tiene un AAA en el catálogo, o vas listo. Y ellos ya saben lo que es eso, ya que tienen el privilegio de estar detrás de ese notable Dead Island. ¿Os acordáis?

El caso es que el estudio polaco ha lanzado por fin su nuevo trabajo, uno que llevaba ya algún tiempo en la lista de preferidos de muchos usuarios que querían seguir con la fiesta zombie, solo que en esta ocasión muchas de las convenciones del género se han venido abajo, con un título que juega a sumar ideas de otros grandes juegos con la esperanza de conseguir un desarrollo mejor.

Es como si eso de pasar miedo en un título de zombies no estuviera bien, y fuera mejor estar atentos a otras cosas poniendo a las bestias que dan vueltas por Harran como simples espectadores de nuestra aventura, en una ciudad que apesta a ‘open world’ y que nos podremos recorrer de arriba abajo de una manera muy especial.

Análisis de Dying Light en Gamerzona.

Harran que estás infectada

Dying Light nos traslada a Harran, una ciudad que está completamente aislada del mundo tras haberse producido un estallido terrible que, por culpa de un virus, está convirtiendo a toda la población en unos oscuros zombies. Imaginamos que no hará falta explicar mucho más por que este supuesto es como otros muchos que hemos padecido en cientos de juegos donde se partía de algo parecido.

El caso es que nosotros no somos habitantes de Harran ni nada que se le parezca: simplemente desempeñamos el papel de Kyle Crane, un soldado o algo parecido que lanzan en una misión especial sobre la ciudad con un único objetivo, que es capturar a un tal Sulimán, un personaje que guarda un informe en el que se indica cómo fabricar un antídoto para ese virus que lo está arrasando todo.

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El problema llegará cuando nada más aterrizar en la ciudad empecemos a encontrarnos con la cruda realidad. Con el ir y venir de facciones que luchan por sobrevivir y, sobre todo, con la presencia de unos zombies que tienen la particularidad (como casi todos los zombies) de que el ruido les llama. Es dar un golpe sin querer con un palo en una señal metálica y veréis cómo de repente acabáis acorralados por una horda de asesinos.

Pero a medida que pasan los días, iremos formando parte de una comunidad que vive atrincherada en una Torre que, de momento ha sobrevivido a los ataques de los zombies… y que siga así mucho tiempo.

Recordad que somos una especie de agente infiltrado y que llevaremos una doble vida: por un lado como miembros de la Torre ayudando a los que allí viven, y por otro informando a nuestro puesto de mando sobre cómo van nuestras pesquisas sobre el paradero de Sulimán.

El ruido lo condiciona todo

Hay un elemento que ya os hemos dicho que forma parte del típico paisaje de un juego de zombies y es que el ruido molesta a las bestias. O mejor dicho, las llama, las despierta y las activa. Esto en Techland se lo han tomado muy en serio y por esa razón el juego no acaba por convertirse en un ‘shooter’ al estilo Rambo, donde solo el plomo y las armas dictan quién es el que manda.

Análisis de Dying Light en Gamerzona.

Al revés, cuidadosos como han sido con el espíritu de supervivencia que lo impregna todo, nos invitan a que seamos más rápidos y más hábiles a la hora de enfrentarnos a los zombies. No se trata de tirar una bomba y arrasarlos a todos, sino de acabar con ellos en el cuerpo a cuerpo, pillándolos por sorpresa pero sin hacer demasiado ruido.

Es por eso que en la pantallas de este análisis veréis sobre todo martillos, bates de béisbol, llaves inglesas, etc. Por que las armas de fuego tardaremos en verlas y más que para enfrentarnos a los zombies, las cogeremos para evitar que las otras facciones de humanos, los que también andan rapiñando entre los supervivientes, se salgan con la suya. Así que ya sabéis, guardad vuestras ansias de plomo para otros juegos por que en este, más que disparar tras el calibre de un fusco de los gordos, lo que vamos a necesitar es agilidad para entrar en un escenario, completar la misión y escapar sin ser vistos.

Muévete rápido, sin ser escuchado

Si habéis visto algún vídeo de este Dying Light lo mismo os ha llamado la atención cómo sus creadores han cogido la idea de aquel malogrado (por las ventas, que no algunas críticas) Mirror’s Edge y las han metido aquí, para que la dinámica de la partida no sea la típica de coger una calle y andar y andar y andar hasta que llegamos al punto que nos señala el mapa.

Análisis de Dying Light en Gamerzona.

Por lo que ha optado Techland es por hacernos ese camino también muy divertido y, de alguna forma, competitivo, ya que tendremos muchos incentivos para ir mejorando nuestras técnicas de ‘parkour’. Eso de correr, saltar, agarrarnos, deslizarnos o lo que sea que nos permita avanzar por el mapa, se convertirá en un juego por sí solo, al estilo de lo que realizó Insomniac con su Sunset Overdrive (salvando las distancias claro), donde tan importante y divertido como pegar tiros o lo que sea que tengamos que hacer, lo es el camino hasta el objetivo.

Eso sí, debéis tener en cuenta un detalle importante, y es que en el control de Dying Light hay momentos en los que no parece un juego en primera persona, donde no hay gran movimiento alrededor del protagonista. Para nada. Aquí, y como ocurría en aquel Mirror’s Edge, veremos a nuestro protagonista dar vueltas, girar, tumbarse, rodar y cuando estamos hablando de un ‘first person’, hay momentos en los que tenemos que tener el estómago muy acostumbrado por que la pantalla estará dada la vuelta, con el suelo arriba y el cielo abajo.

Los ciclos día y noche

Dying Light tiene una curiosa dualidad que afecta a la forma en la que jugamos y que es una especie de modo difícil que llega en el momento que el sol se esconde. Es justo ahí cuando pasamos de ser nosotros los que atosigamos a los zombies a ser simples presas, por que la oscuridad da pie a que aparezca una nueva clase de enemigo que es completamente imbatible.

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Se trata de unos zombies de una dificultad infinitamente mayor, que reaccionan al ruido con mayor sensibilidad todavía y que cuando detectan nuestra presencia lo único que podemos hacer es salir corriendo todo lo rápido que podamos y aquí, entonces, es cuando llega el momento de demostrar cuál es el nivel que tenemos de ‘parkour‘: si nos agarramos fuerte y rápido a los salientes, si corremos todo lo que podemos e incluso si sabemos manejar los saltos y las volteretas para evitar que nos cojan podremos sobrevivir.

Sería un poco exagerar, pero de alguna manera cuando llega la noche el juego toma un cariz de mayor dificultad, donde se percibe claramente que el objetivo es sobrevivir a las bestias que allí viven y que, como antes os decíamos, no tiene nada que ver con las que vagan descerebradamente por las calles cuando sale el sol.

Un héroe que evoluciona

En este ‘poupurrí’ que Techland se ha sacado de la manga no podía faltar la pata RPG, esa que nos permite coger a nuestro protagonista y subirle de nivel e ir enseñándole todo tipo de nuevas habilidades que van a hacer que pueda defenderse mucho mejor por las calles de Harran.

Análisis de Dying Light en Gamerzona.

Aquí nada nuevo bajo el sol: muchas habilidades que se reparten entre resistencia o supervivencia, poder de ataque o agilidad para movernos por la ciudad. Es un esquema clásico que aquí se repite sin ningún reparo y que sirve para darle algo de profundidad a los ratos que pasamos en la Torre. El cuartel general de esos supervivientes que nos salvaron al principio del juego y a los que debemos una especie de lealtad solo por eso.

Esta evolución es importante por que contaremos con cierta libertad para llevar a nuestro personaje hacia un lado u otro, es decir, personalizarlo para los combates cuerpo a cuerpo, el manejo de armas o la agilidad y velocidad del ‘parkour’, lo que significa mejores recursos para escapar de los demonios nocturnos.

Open world por los cuatro costados

Aquí Techland no ha sido excesivamente original, pero es que tampoco le estábamos pidiendo que lo fuera ya que si algo necesitaba un juego con estos ingredientes era, precisamente, un alma ‘sandbox’ y ‘open world’, esa que nos lleva a que tengamos muchos cometidos que realizar al margen de la historia principal.

Lógicamente, como siempre ocurre en estos juegos, podemos ir misión tras misión intentado conocer qué pasa en la trama principal, cosa que nos va a llevar cerca de 20-25 horas y que no está mal. Pero claro, luego alrededor tendremos otros cometidos que serán colaterales pero que nos van a servir, sobre todo, para ir mejorando a nuestro protagonista.

Análisis de Dying Light en Gamerzona.

Tened en cuenta que por esa pata RPG, será importantísimo conseguir experiencia para subir de nivel o aprender nuevas habilidades y el completar ciertos trabajos nos permitirá que al meternos en la trama, lo hagamos mejor preparados, con más garantías de poder sobrevivir a todo lo que vamos a padecer.

Si vamos progresando solo en la historia, llegará un momento que estaremos tan justos de todo que nos costará horrores superar alguna fase y es ahí donde echaremos de menos no dedicarnos a otras tareas secundarias. ‘Quest’ que siguen la vieja estructura de ir a buscar a alguien, llevar algún objeto, recogerlo y devolverlo a la Torre o eliminar a un número de enemigos ‘x’.

Y la suma de todo lo anterior es…

La verdad es que Dying Light es un juego que en su parte técnica está muy bien trabajado, algo que no nos extraña cuando hablamos de estudios de Europa del Este que son auténticos expertos en ‘engines’ y demás virguerías técnicas.

Análisis de Dying Light en Gamerzona.

Seguramente que la nueva generación pueda realizar mejores trabajos, pero tal y como está ya se nota que esto que vamos a jugar es mucho mejor de lo que podríamos haber visto hace un par de años en una PS3 o una Xbox 360. Además, en PS4 (que es la versión que hemos jugado) se disfruta a 1080p y la suavidad de todo lo que ocurre en pantalla es realmente meritoria.

Todo el diseño de producción está muy bien trabajado, en la línea que ya se esbozó en el buen Dead Island y que cuenta con un nivel de detalle y realismo realmente bueno, que invita a jugar y a disfrutar de este apocalipsis zombie con muchas más ganas. Aunque ya sabéis que en estas cosas de los gráficos… para gustos los colores.

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Es más, en una de las mejores decisiones que ha tomado Techland en este juego, está la de dar la opción de convertir toda la campaña en modo cooperativo si así lo queremos, para jugar junto a otros tres compañeros e ir completando las misiones del argumento principal. Es bastante divertido aunque ya os avisamos de que para disfrutarlo de verdad, hace falta un grupo bien armado, que se lleve bien y que tenga una manera de comunicarse para llevar cierta táctica al campo de batalla. Tiene la ventaja de que algunas misiones las podríamos completar con mayor facilidad, pero ganamos en diversión.

Dying Light es un buen juego, que ha sabido mezclar lo bueno de otras franquicias y juntarlo todo en un concepto que funciona perfectamente, que no chirría y que le da cierto aire de frescura al género ya muy trillado de los estallidos zombies.

Un gran juego, que se disfruta tranquilamente y que cuenta con novedades más que suficientes como para tenerlo entre lo mejor que podremos disfrutar en esta primera mitad de 2015.

Notable.

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