Seguramente que ya os sabéis la historia de este Final Fantasy XIV A Realm Reborn, un juego que salió el año pasado tras el verano y que lo hizo en primer lugar para PC y PS3, como respuesta a una de ‘las metidas de pata’ más sonadas que Square Enix ha cometido en su más que dilatada carrera de más de 25 años. ¿Qué? ¿Que no sabéis a lo que nos referimos? Mirad.

En 2010 Square Enix lanzó Final Fantasy XIV como sucesor de su otro MMORPG, Final Fantasy XI que salió a la venta en 2002 para PS2, PC y Xbox 360. Pues bien, os podéis imaginar el ‘hype’ tras más de ocho años que fueron necesarios para alumbrar a esa nueva criatura. Pero por desgracia, cuando aterrizó en PS3 y PC, los que lo probaron no daban crédito al desaguisado que había desarrollado y que no tenía solución posible. En Square Enix, conscientes de que con un parche no arreglarían nada, llegaron a una terrible conclusión: había que cerrar todo eso que habían estado haciendo durante tanto tiempo, empezar desde cero un nuevo título y acometer un ‘reborn’ que sepultara los restos de ese otro juego.

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Y dicho y hecho. Cuando en el año 2010 se pusieron manos a la obra, uno de los elementos que más se iban a esforzar por mejorar fue, sobre todo, el concepto general del juego, el esqueleto, la estructura, su dinámica de misiones, evolución de los personajes, eventos, enemigos y toda esa ingente cantidad de pequeños detalles a los que hay que estar atentos para que un juego, cualquiera, se acabe convirtiendo en un éxito.

Así que tras el paso de Final Fantasy XIV A Realm Reborn por PC y PS3 y cosechar sus buenas críticas, la versión de PS4 quedó como pendiente hasta que la consola saliera en Japón. Y dicho y hecho, Square ha cumplido su parte y aquí tenemos esta versión ‘next-gen’.

Eorzea, el mundo de este gran Final Fantasy y sus héroes

La historia de A Realm Reborn nos lleva hasta Eorzea, un mundo que ha sufrido una enorme destrucción por culpa de Bahamut en lo que es una especie de reconducción de la historia del ‘horrible’ Final Fantasy XIV. Argumentalmente este juego de PS4 (y el de PC y PS3) viene a seguir lo narrado allí pero como fue tan penoso el andar por el mundo de ese MMORPG de 2010, lo mismo muchos jugadores no se acuerdan de que la batalla acabó como el ‘Rosario de la Aurora’.

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Así que con un mundo devastado, nos toca tomar el papel de superviviente que podremos elegir entre una panoplia de cinco razas, a saber: Elezen, Hyur, Lalafell, Roegadyn y Miqo’te. Qua, a su vez, podremos personalizar a nuestro antojo cambiándole casi cualquier facción de su rostro y cuerpo. En esto no hay muchas novedades respecto de las decenas de MMORPG que pueblan el mundo, así que podéis estar todo el tiempo que queráis poniendo el pelo de un color, los ojos de otros, tiñendo su piel, etc.

Lo importante viene con las otras decisiones de clan (Seekers of the Sun o Keepers of the Moon), fecha astral lunar de nacimiento, deidad a la que seguiremos (Halone, Menphina, Thaliak, Nymeia, Llymlaen, Oschon, Byregot, Rhalgr, Azeyma, Nald’Thal, Nophica y Althyk), y clases que se dividen en dos grandes grupos: disciplinas de guerra (Gladiator, Pugilist, Marauder, Lancer y Archer) y disciplinas mágicas (Conjurar, Thaumaturge y Arcanist). ¿Tenéis claro qué personaje vais a crear ahora?

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Esto puesto aquí es como si publicamos la lista de los reyes Godos, hay que ver cómo son y probarlo con el juego encendido y creando a nuestro ‘char’, pero por el momento la cosa queda ahí como que es bastante completo y da bastante libertad para personalizar a nuestro héroe como queramos, con todo tipo de elementos decorativos así como de personalidad ligada a dioses, clases, etc.

Un desarrollo MMORPG pero con matices

Está claro que en un mercado infestado de MMORPG que abrazan la fe de los free2play es realmente complicado lanzar un título como este Final Fantasy XIV A Realm Reborn y, encima, hacerlo pidiendo pagar todos los meses una cuota mensual. Máxime si tenemos en cuenta que el juego apenas cambia nada de los usos que se gastan habitualmente en el género pero, eso sí, tiene en su haber el estar basado en una de las franquicias de mayor éxito de la historia de los videojuegos.

Dicho esto, el juego nos suelta en un territorio donde lo más normal es coger misiones e irlas completando tal y como se ha venido haciendo en las últimas décadas en el género: hablamos con un NPC, recogemos, cazamos, eliminamos, hablamos, perseguimos o lo que sea que nos manden y cuando hemos terminado todo, volvemos a reclamar la recompensa que llegará con forma de experiencia, objetos e ítems. Ya está.

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Cuando exprimimos todas las misiones de un enclave nos redirigen a otro de mayor dificultad y así vamos evolucionando por todo el territorio de Eorzea hasta que un buen día, sin darnos cuenta, ya tenemos el nivel 50 y no podemos avanzar más. Salvo que haya una expansión que alargue ese mínimo un poco más, claro.

Dicho así parece soso, monótono y hasta si me apuráis, repetitivo pero resulta que no. Que en Square, escarmentados por el horripilante Final Fantasy XIV, han decidido ‘innovar’ algo, lo que no quiere decir que hayan sido ellos los padres de esta idea (Guild Wars, etc.). Así que para alternar las ‘quest’ de toda la vida, se han sacado de la manga los llamados FATE que son eventos que surgen de repente por el escenario y que consisten en acabar con una serie de criaturas (u otros cometidos) que atacan a lo bestia y que vienen marcadas con el color morado (¿púrpura?) justo al lado de su nombre.

Lo bueno de esos FATE es que son abiertos, no son ‘instances’ y por lo tanto cualquier jugador que pase por allí puede formar parte y llevarse su parte alícuota del botín, que no será mucho, pero tendrá forma de experiencia que siempre viene bien para ir subiendo al personaje.

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Precisamente, a medida que aumentamos el ‘level’ vamos adquiriendo nuevos conocimientos que se dividen en tres grandes apartados (al principio): General, donde están los poderes comunes de correr, volver a casa, reparar, ataque automático, etc., Actions, donde ya están los ataques y habilidades que solemos usar en combate, y los Traits que mezclan algunos poderes defensivos con los típicos ‘pasivos’ que entran a formar parte de la naturaleza del personaje.

Luego, a medida que subamos, podremos añadir más habilidades que tendrán que ver con los trabajos (job) y algunos específicos para armas, PvP, mascotas, monturas (en nivel 10 ya podréis comprar o alquilar vuestro Chocobo), minions y companions. No es tan completo como otros títulos donde el árbol lo elegimos nosotros, pero tiene el suficiente abanico como para ir mejorando lo que hace nuestro protagonista y que los combates vayan evolucionando.

Las luchas y el control, las claves del juego

En PS4 el control es clave y aunque Final Fantasy XIV A Realm Reborn es compatible con teclado y ratón, a nosotros no nos ha costado mucho manejar la acción con el gamepad. Obviamente, si usáis el DualShock 4, toda la parte social de escribir mensajes y comunicarse se convierte en un infierno, pero tal vez por eso, Square ha convertido el panel táctil del pad en una especie de ‘touchpad’ con cursor y todo para que podamos recorrer la pantalla para escoger la acción concreta que queremos llevar a cabo. O para ver el nivel de un personaje y apuntarlo, etc.

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De todas formas, no creáis que es muy cómodo usar esa superficie táctil ya que resulta por momentos bastante confusa, por lo que acabamos por darle al botón ‘Options’ y navegar por los menús como a la antigua usanza. Sin embargo, en PS Vita, al contar con un mapa de controles especialmente diseñado para ella y disponer de pantalla táctil, es un auténtico lujo tirar del ‘uso a distancia’. Pero vamos, esto del DualShock 4 acaba siendo lo menos importante. ¿Y eso?

Pues por que donde un pad debe demostrar los mucho o poco que sirve en un MMORPG es durante la batalla, ese momento en el que tenemos que seleccionar a un enemigo y empezar a zurrarle con todo lo que tengamos a mano. En esta ocasión, lo que ha hecho Square es crear una serie de ‘mapas de acciones’ que cambian según el botón que tengamos pulsado. Así por ejemplo, con L2 accederemos a los poderes ‘Generales’ mientras que con R2 activamos las ‘Actions’ aunque, eso sí, en todo momento podemos personalizarlo, así como todo el interface para que nos muestre dónde queremos la información de juego: combates, vida que perdemos, daño que infligimos, mensajes de la comunidad, misiones, objetos, etc.

Pero hablando de los combates, es realmente meritorio lo realizado por Square Enix ya que la fluidez de todos y cada uno de ellos es soberbia, llegando a no perder en ningún momento esa esencia ‘Final Fantasy’ que llegó a tener ese último juego de la saga, el Final Fantasy XIII Lightning Returns, donde los de Motomu Toriyama y Yuji Abe decidieron cambiar el modo de luchar por turnos tan clásico de la serie desde sus inicios en FDS (Famicom Disk System) a finales de los 80.

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Ese ir y venir de golpes es dinámico, rápido y, más importante todavía, nos permite en todo momento saber qué está pasando en la pantalla, ya que recibimos constantes y útiles señales de cuando algo va bien o mal: si baja mucho la salud, si nos tenemos que recuperar o escapar. Los ‘casteos’ son realmente coloridos y bonitos y cuando estamos en pleno fragor de la batalla, Final Fantasy XIV A Realm Reborn consigue convertir un momento tan teóricamente anodino como el de acabar con una ardilla en un sublime instante épico. Explosiones, luces, rayos, llamaradas… el catálogo de efectos supera con mucho todo lo visto en otros juegos que acaban pecando de escasamente espectaculares.

El espíritu Final Fantasy reluce al fondo

Podréis pensar que el juego ha renunciado por completo a la esencia de la serie, dejando toda esa carga argumental típica que le mete Sqaure Enix en la puerta del estudio de desarrollo pero no, no es así. Aunque parezca mentira, desde que iniciamos el juego se percibe ese marchamo de los japoneses, ese tratamiento místico del detalle más minúsculo con secuencias casi oníricas entre seres de carne y hueso y dioses que se nos aparecen e invisten nuestra misión de un aura de santidad que llega a asustar, cuando somos un simple ‘char’ dando mandobles y ya está.

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Pero esa es la gracia de la serie, y por eso pagan sus fans sus buenos 13€ del ala todos los meses: por descubrir esas historias y esas secuencias que adornan la columna vertebral de la historia de Final Fantasy XIV A Realm Reborn. Y es que habrá misiones que pertenecerán a ese ‘core’ de la historia de Eorzea y los héroes que tienen que protegerla de un nuevo cataclismo que nos llevará por decenas de lugares extrañísimos y, más importante aún, ‘instances’ donde tendremos que luchar contra bestias de niveles muy superiores al nuestro pero que, por lo menos, contaremos con la ayuda de algunos NPC que se ofrecerán a ayudarnos. Todo en pos de que nuestra aventura prosiga por los caminos correctos y que la evolución del personaje no se detenga.

Un gran juego que innova lo suficiente

Y es que eso de no frenar la progresión del jugador parece haber sido una de las prioridades de Square al hacer Final Fantasy XIV A Realm Reborn, para evitar que los jugadores no se sientan frustrados y abandonen el juego. Se nota sobre todo en la facilidad para ir subiendo niveles al principio. Para que os hagáis una idea, alcanzar el ‘level’ 10 no os costará más de una tarde pero se nota mucha diferencia entre los primeros seis niveles y los demás, donde ya empiezan a pedirnos miles y miles de puntos de experiencia que requieren de muchas más ‘quest’ completadas.

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Esa ‘jugabilidad’ hace que nos piquemos al ver que rápidamente tenemos un personaje competitivo, que va ganando objetos o ítems que le van haciendo cada vez más poderoso y que nos permite viajar a nuevos territorios para no quedarnos estancados en el mismo sitio un día tras otro.

Pero hay más. No hemos hablado de los gráficos en PS4, que son mucho mejores que los vistos hasta ahora en PS3 y que se asemejan más a los de PC, que permite subir la resolución de la pantalla y las texturas hasta niveles realmente soberbios. Ahí radica también parte de su encanto ya que muchas compañías, cuando hacen un MMORPG, pecan de querer meterles los mejores gráficos del mundo y entre el hardware necesario para moverlo y la conexión, la cosa acaba por estropearse y volverse injugable.

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En este sentido Square ha sido inteligente y ha cogido su estética, su nivel de gráficos ‘Final Fantasy’ y ha concebido un juego bello, de entornos realmente bonitos, escenarios inmensos y personajes detallados, que seguramente podrían haber sido mejor (no mucho mejor), pero que dan como resultado un juego espectacular y a la altura de lo que la ‘next-gen’ de Sony nos está deparando en estos meses desde su lanzamiento.

En fin, un juego realmente compacto, bien pensado, que nos hace que le perdonemos a Square Enix el borrón del primer Final Fantasy XIV y que nos tendrá bien pillado de los MMORPG si tenemos la ‘mala idea’ de ponernos a jugar con él. Por que encima, su desarrollo es cruzado y aunque estemos conectados desde una PS4 los demás que corren por las ciudades o los campos podrían estar metidos en una PS3 o un PC. ¡Qué cosas!

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¡Ah!, por cierto, el juego está en un perfecto inglés así que si os queréis enterar de su historia y demás detalles y no tenéis mucho conocimiento del idioma de Michael Robinson (el de Canal+), mejor que os abstengáis. Aunque ya os avanzo que para disfrutar de él no será necesario entender mucho: sólo coger ‘quest’ y cobrarlas. Todo lo que no está escrito en ese idioma (inglés), aparecerá señalado con el idioma internacional de los videojuegos.

Bueno, bonito y barato… el primer mes. Por que luego tendréis que pagar 13€. ¿Los merece? Pues si eres fan de los Final Fantasy seguramente sí. ¿Y si no? ¡Uffff!, qué pregunta más difícil.

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