El catálogo de PS Vita no es que sea precisamente una alegría constante, salvo la propia Sony y sus acuerdos especiales (como Borderlands), lo cierto es que la portátil está mirando al cielo a ver si le cae encima algo que llevarse a la boca. Y Freedom Wars es un buen pellizco de comida.

Este juego, desarrollado por el Japan Studio de Sony del que han salido algunas maravillas en los últimos años, es la manera que han encontrado los japoneses de ponernos un título largo y con enjundia como para dedicarle muchísimas horas hasta que lo completemos del todo en nuestra portátil.

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Además, Freedom Wars tiene ese punto ‘japo’ (de conversaciones infinitas… ZZzzzzZ) que tanto gusta a muchos jugadores y que, aunque podría haber sido más áspero, mantiene un sano equilibrio entre lo que gustamos aquí en Europa y lo que les vuelve locos en Japón. Eso sí, nosotros lo vamos a disfrutar cuando ya lleve cuatro meses en el mercado asiático, ya que salió en el pasado mes de junio.

Una historia rara pero convincente

Freedom Wars nos habla de un mundo post-apocalíptico en el que la raza humana ha avanzado mucho pero a un alto precio. Los recuros escasean y a tanto ha llegado que aquellos que los despilfarran son condenados a penas de muchísimos años, por lo que la sociedad les obliga a trabajar para ellos hasta que devuelven eso que malgastaron y, más importante todavía, les impone completar ‘quests’ para ir restando años a su pena y salir libres en el menor tiempo posible.

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En el juego desempeñamos el papel de un joven que lucha al principio contra alguno de los enemigos que hay en el juego (y de los que hablaremos más tarde) y que hace gala de un montón de movimientos y armas pero que, por desgracia, es derrotado. Esto, que ya es doloroso, no lo es tanto como que encima te acusen de haber malgastado todos los recursos que la sociedad puso en tus manos para aprender técnicas de combate, conocimientos, armas, etc.

Así que tras despertar con una amnesia de caballo, seremos condenados a 1.000.000 de años de cárcel que tendremos que cumplir íntegramente salvo que prefiramos hacer encargos para la sociedad. Misiones en las que nos jugaremos el pelo no solo acabando con las amenazas que hay en el mundo, sino robando incluso a las otras facciones que coexisten en el mismo planeta.

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Esas sociedades se dividen ahora en ciudades, lo que en Freedom Wars se conoce como Panópticon, y casi todas ellas son enemigas desde el momento en el que ninguna comparte nada con las otras ya que el objetivo es sobrevivir.

¿Qué tenemos que hacer?

Con un panorama así, lo primero que haremos será crearnos a un personaje con un editor que ofrece bastantes opciones de personalización en todos los aspectos estéticos del que será nuestro futuro héroe. Luego escogeremos ciudad que, para la versión europea, se han metido urbes de todo el mundo, estando entre las españolas solo Madrid. Pero vamos, no creáis que eso afecta mucho al juego, es más el ponernos una bandera que otra cosa.

A partir de ahí conoceremos lo mal que se vive en nuestra celda aunque esa sociedad que nos ha condenado nos va a permitir tener una cosa muy especial, que no es otra que un androide que nos sigue, aconseja y nos va poniendo al día de cómo llevamos la condena: si bajamos los años, si no, si nos han condenado por algo que hemos hecho mal, etc.

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Obviamente, nuestro protagonista está inmerso en un mundo que le pide que no pare de hacer cosas, que vaya completando los trabajos que la comunidad le requiere y a la vez, vaya ganando experiencia para acometer misiones cada vez más complicadas. Así por ejemplo, nuestro protagonista debe enfrentarse a exámenes de Deber, que vienen a ser ascensos de nivel donde aprenderemos nuevas habilidades.

Esos exámenes no tienen un objetivo de puntos de experiencia o cosas así sino que son un conjunto de requisitos. Por ejemplo, en los primeros pasos por Freedom Wars nos perdirán que rebajemos la pena hasta los 999.450 años, que reclamemos los derechos a participar en misiones del MPE o que recuperemos los derechos de pasear, deambular y recostarse.

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Sí, sí, habéis leído bien, si tras una misión volvemos a la celda y nos echamos en el camastro que hay en él, nos meterán una multa de unos cuantos años, así que ya os podéis imaginar lo duro que podría ser si a alguien le diera por trasladar lo que nos cuenta Freedom Wars al mundo real.

De todas formas, a medida que vamos ganando niveles, nuestro protagonista va recuperando derechos y no creáis que estará todo el rato metido en la celda. Habrá un momento en el que pueda salir y entrará en contacto con otros muchos ‘ciudadanos’ que están en circunstancias parecidas a las suyas. Es más, en ese momento se abrirá un amplio abanico de oportunidades para gestionar recursos, fabricar objetos mejores e ir restando años a nuestra pena más rápidamente.

Misiones, ¿qué misiones?

Las misiones se cogen todas en el llamado Portal de Responsabilidad Personal y allí podremos ir escogiendo las que hay disponibles. ¿En qué consisten? Pues básicamente en hacer frente a una amenaza que puede ser dos tipos: o bien monstruosos Abductores o bien rivales de otros Panópticon que tenemos alrededor del nuestro y que, en el modo online, son realmente divertidas.

Ojo, que los principales encargos tienen que ver con un ‘vete ahí y acaba con esta bestia’, lo que viene a recordarnos un pelín a la estructura más básica del conocido Monster Hunter. ¿Qué ocurre con estos trabajos? Que podría llegar un momento en el que nos cansemos de hacerlos, de protagonizar solo combates, por lo que es justo el momento en el que llegan las misiones secundarias.

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Estas tienen otros cometidos y aunque tendremos que combatir, nos serivrán para ir recogiendo botines y objetos que son cruciales para devolver eso que dicen que malgastamos. O realizar labores de protección de ciertos personajes. O un montón más de pequeños cometidos que sirven para cambiar de tercio su desarrollo principal.

Ahora bien, ¿qué pasa si nos aficionamos demasiado a las misiones secundarias? Pues que las principales se quedan ahí esperando a que vayamos nosotros o… ¡nuestro androide! El nombre correcto de este asistente es Accesorio y él mismo puede suplantarnos para ir de caza contra algún Abductor que, en lo básico, son bestias que vienen a nuestro Panópticon a robar personas. Y están las cosas en esa sociedad como para malgastar también mano de obra. Nuestro Accesorio puede evolucionar también, así como equipar mejores armas y objetos para hacerle cada vez más competente en el campo de batalla.

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Cuando acabamos una misión restamos años de pena a nuestra condena y si hemos recogido muchos objetos, recursos o botines, podremos también entregarlos para que sea mayor la cantidad de tiempo que nos quiten. Ojo, que esto de entregar los objetos depende de que nosotros mismos queramos hacerlo: podemos optar por ser ricos dentro de la cárcel y tardar más tiempo en salir de ella, o darlo todo para que cuanto antes abandonemos ese lugar.

¿Escuché algo de Monster Hunter?

Bueno, desde que se conoció que llegaría este juego, muchos son los que se han empeñado en compararlo con la franquicia de Capcom pero en realidad no llega a tanto. Evidentemente eso de salir a ‘pillar’ a una serie de enemigos huele a lo que huele, pero una de las cosas que cambian radicalmente ese olorcillo es el control del personaje.

Cuando llevamos a nuestro héroe por Freedom Wars no andamos tan encorsetados por ese control tan extraño de los Monster Hunter. Aquí la cosa se asemeja más a un juego normal en tercera persona y dispondremos de los controles típicos de este tipo de juegos: que si control de armas, que si libertad total para mover la cámara y, además, una concepción más FPS a la hora de atacar.

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Nuestro protagonista cuenta con bastantes recursos y uno de ellos es el gancho, o el látigo, o el garfio, como queráis llamarlo. Es una especie de arpón que puede dirigir al enemigo gigante para agarrarle y mantenerle cerca del grupo para que no se escape. O si somos muy mañosos, también nos sirve para derribarlo y atacarle cuando caiga al suelo.

A la hora de movernos por el escenario también tiene su uso: por ejemplo para alcanzar zonas altas del mapa o para realizar un ataque bomba sobre los enemigos cuando los tenemos a cierta distancia. Esto da una agilidad a los combates brutal ya que nos ofrece, no solo poder hacer más daño, sino ganar movilidad por toda la pantalla.

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Pero claro, para no facilitar las cosas, hay miembros de otros Panópticon que cuentan con armas de fuego que son batante dañinas a distancia. Aquí toca cambiar y dejarnos de arpones o ganchos para abrazar la vieja fe ‘del plomo’. Nuestro héroe en Freedom Wars puede manejar distintos tipos de armas y casi siempre se van a dividir en dos grandes grupos: las ‘japos’ como katanas, cuchillos enormes, etc., y las que antes os comentábamos de fuego. Una son más útiles que otras a la hora de atacar a los enemigos y mucha culpa de la que usemos dependerá de cómo queramos jugar con el resto de miembros del equipo.

Freedom Wars es un gran juego

El título de Japan Studio está enfocado casi por completo al ‘multiplayer’. A que entremos en cada partida junto a otros tres amiguetes (o lo que sean) y que de la mano vayamos completando los objetivos a la vez. También podemos optar por hacerlo en solitario, pero la verdad es que no llena tanto ni permite conseguir recompensas tan buenas. Al fin y al cabo, cuando tenemos al lado a otro que nos puede quitar algo es el momento en el que uno se empeña más y saca lo mejor de sí mismo… ¿no?

De todas formas, ya lo hagamos en modo cooperativo o en solitario, lo cierto es que Freedom Wars es un juego que tiene su complejidad, que hay que empollárselo mucho en los primeros momentos, no solo para conocer sus técnicas básicas, sino para hacernos con su vocabulario y asociar rápidamente el concepto que representan ya que es tan ‘raro’ que podría desorientarnos: Panópticon, Accesorio, Exámenes de deber, Portal de Responsabilidad Personal… ¿seguimos?

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En este punto, el juego nos ha recordado vagamente al espíritu del que podríamos considerar como uno de los pioneros del género hace muchísimos años, como fue el genial Phantasy Star Online (¡ay! cuándo llegará a PS Vita) o cualquier Monster Hunter por la idea general de las cazas y los monstruos, pero cuenta con una personalidad propia muy acentuada.

Es largo, sesudo, complejo aunque fácil de entender sin problemas gracias a la simpleza de su control. Por el fondo destaca discretamente su apartado gráfico, que sin lugar a dudas luce muy bien para una consola como PS Vita. Además, en ciertos momentos podremos usar la pantalla táctil para gestiones tan divertidas como plantar la huella dactilar para dar por bueno el informe de una misión, como si en ese momento nos estuvieran fichando. Cosa que queda divertida y ¿graciosa? en ese entorno presidiario.

Freedom Wars es de lo poco que hay con enjundia en PS Vita y lo mismo por eso le damos más importancia y mejor trato de lo que merecería. ¿O tal vez no?, por que de lo que no hay duda es de que el trabajo que ha realizado Japan Studio es de mucho calado, de mucha profundidad y de largo recorrido.

Estamos ante un juego que te devuelve los 30€ que te costará y que si lo vas a llevar por las calles, te ofrece algo más que pegar tiros y ya está. Cuenta con un completo motor de gestión ‘rolera’ y de recursos que hará por momentos que no sepamos qué decisiones tomar. Si ser solidarios con la comunidad o unos auténticos egoístas.

Y según lo vayamos haciendo, lo que obtendremos de Freedom Wars puede ser diametralmente opuesto. Notable.

Compártelo. ¡Gracias!

Comentarios

1 comentario
  1. Anónimo 07 Ago, 15 21:38

    buen juego

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