Funk of Titans es uno de los primeros juegos que llegan a la ‘next-gen’ que tiene sello de ‘producto nacional’, ya que A Crowd of Monsters es un estudio ubicado en Barcelona al que Microsoft está queriendo mimar para que formen parte de su catálogo exclusivo que alimentará su sello ID@Xbox.

Y este juego es uno de esos primeros propósitos que vienen a tentar el terreno para ver por dónde pisan, para conocer cuál es el gusto de los jugadores y, sobre todo, si dentro de este ejército ‘indie’ son bienvenidos juegos de un simplismo móvil casi rayano en el ‘coin-op’.

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A Funk of Titans hay que mirarlo con otros ojos. No puede ser comparado a las grandes producciones de los videojuegos por que su enfoque no va por ahí. Escucharéis, o leeréis, que tiene más de juego táctil que de lanzamiento hecho y derecho para una ‘next-gen’ como Xbox One pero creedme que aunque es cierto, hay algo que late todavía más fuerte por debajo. Y es que este género de los ‘runner’ ya estaba inventado cuando los videojuegos se consumían con monedas 25 pesetas en salones recreativos.

Una batalla titánica entre el Funk y el resto de géneros musicales

En Funk of Titans vamos a representar el papel de un Perseo ‘afro’ que quiere doblegar a las malvadas fuerzas del pop, el rap y el rock que lo están invandiendo todo en las sagradas tierras del Olimpo. Como buen hijo de uno de los dioses que allí viven, tendrá la ardua tarea de imponer el ‘funky’ por lo civil o lo celestial, lo que significa en este caso correr mucho, saltar más todavía y tener los puños a punto por si hacen falta medidas adicionales.

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Creedme que con esas últimas palabras de la frase anterior ya está plenamente definido el 85% del desarrollo de Funk of Titans por que es de los juegos donde más atentos tendremos que estar a la pantalla, no sea que nos atropelle el ‘scroll’. Y con él los muchos objetos y plataformas que van apareciendo.

Un ‘runner’ de vinilos tomar

Funk of Titans no creáis que engaña prometiéndonos cosas que no puede cumplir, para nada, desde la primera fase queda muy claro cuál es su apuesta y lo que vamos a encontrar. La manera de jugar es muy sencilla: nuestro Perseo ‘afro’ corre por defecto y nosotros tenemos que estar atentos para pulsar el botón de salto o el de golpeo cuando hay un obstáculo o un enemigo al que echar de la pantalla.

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En el caso de los saltos, tendremos que recurrir a ellos para evitar precipicios, alcanzar plataformas o recoger los vinilos de oro y demás ‘items’ que habrá repartidos por los mapas. Es decir, que hay que estar atentos por un lado para no morir en el intento y por el otro con un ojo puesto en recolectarlo todo, en no dejarnos nada por el camino si somos de los maniáticos que gustan completar las misiones de un juego al 100% y comprar luego alguno de los 17 objetos que tenemos en la tienda.

Bueno, también hay fases de bonus repartidas por el juego donde la temática ‘runner’ deja paso al estilo ‘Flappy Bird’. Aquí tendremos que pulsar el botón para que Pegaso y Perseo asciendan y soltarlo para que bajen mientras recogemos vinilos con el objetivo de seguir comprando nuevos objetos como espadas, dagas, casettes, etc.

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Esto último es precisamente a lo que recurre Funk of Titans para ofrecernos ‘rejugabilidad’ en todos sus niveles ya que con pasarlo y llegar sanos y salvos al final no bastará. Lo más importante será haber recogido todo, al estilo de ese Rayman Jungle Run que al finalizar el ‘level’ nos indica cómo de lejos nos hemos quedado de haber hecho la fase de la mejor manera posible.

Enemigos finales y todo, ¿qué más queréis?

En ciertos momentos de Funk of Titans tendremos que enfrentarnos a uno de esos ‘final bosses’ que querrán derrotarnos bailando esas cosas extrañas que quieren imponer, de géneros confusos que nada tienen que ver con nuestro sacrosanto ‘funky’. Aquí, la forma de acabar con el enemigo será a base de QTE (quick time events) donde lo importante es pulsar el botón correcto en el momento oportuno. De esta manera, encadenando movimientos, sacaremos de la pantalla al enemigo y seguiremos nuestra cruzada por el mapa abriendo nuevos escenarios y localizaciones.

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Ya os digo que la sencillez impera en todo el desarrollo de Funk of Titans, que recurre a fórmulas muy manidas pero que siempre son agradecidas, por lo fáciles que son de entretener cuando no tenemos mucho que hacer. Es como las ‘pipas’, ya sabemos que son algo ‘muu tonto’ (que diría José Mota) pero mira que nos gusta abrir una bolsa y ponernos ciegos hasta que la terminamos. Sin parar.

No es excesivamente largo y le faltan ‘cosillas’

Claro, si cogemos este juego con las ganas de esa bolsa de pipas, el único problema será la duración, que no es tampoco de las que hacen historia ya que nos lo cargaremos en muy poquitas horas. Es más, esa ‘rejugabilidad’ de la que antes os hablamos solo se produce si sois de los que queréis terminar los juegos al 100% por que tampoco hay incentivos para querer intentarlo de nuevo. Por que en total, Funk of Titans cuenta con tres mundos que pertencen a los distintos géneros que queremos borrar del mapa. Ya sabéis, pop, rock y rap.

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¿Sabéis qué? En este punto sí que se echa de menos un típico modo ‘versus’ a pantalla partida entre dos jugadores por ver quién recorre más metros en la carrera. O quién recoge más vinilos o hace más puntos o lo que sea. Haber alentado la parte competitiva de Funk of Titans le hubiera permitido al juego presentarse en sociedad con más alicientes, con mayores garantías de éxito.

Ambientación gamberra y aire ‘coin-op’

Mirad, una de las cosas que más me gustaron al jugarlo tuvo que ver con el estilo gráfico escogido, con esa presentación gamberra que se hace de muchos personajes que parecen sacados de aquel mítico Athlete Kings de SEGA para recreativas que más tarde salió en Saturn. Esos peinados ‘afro’, esas poses chulescas, ese tono continuamente ‘desfasado’ le sientan muy bien al juego y le dan ese aire ‘coin-op’ más clásico que no hemos visto prodigarse mucho en los últimos años.

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De ahí que ese modo ‘versus’ se eche de menos, por que con un planteamiento tan simple ese ‘2 players mode’ habría hecho las delicias de los jugadores. Por que no nos olvidemos de que mucho antes de los juegos de Rol y del pique por tener el mejor ‘tier’ estaba el afán del ‘high score’, del ‘hall of fame’, de vencer al colega de barrio sumando más puntos o, como en este caso, más metros recorridos en menos tiempo. Por ejemplo. ¿Qué hubiera sido de Track’n Field sin ese modo para dos jugadores para picarnos con los amigos?

Eso sí, donde el juego se queda en un nivel demasiado bajo para la plataforma en la que corre (nunca mejor dicho) es en el gráfico ya que se queda muy lejos de contar con un nivel que podríamos considerar como aceptable. Y es que aquí sí, su puesta en escena podría estar a la misma altura de los dispositivos móviles: esos iPhone, smarpthones Android o tablets e iPads en los que suelen llover juegos que están muy bien para la plataforma en la que salen pero que no pueden aspirar a competir con los más grandes.

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También se entiende que no estamos ante un estudio que maneje los presupuestos de las grandes productoras y también sabemos que aquí el papel de los gráficos pasa a un segundo plano para intentar centrar todo el interés en la diversión y el entretenimiento, pero realmente hay modelados de algunos personajes (pantalla superior a la derecha) que dejan bastante que desear. Por no hablar directamente de que son, en el mejor de los casos, de alguna que otra generación anterior.

¿Qué tal Funk of Titans?

Bueno, si tuviéramos que hacer la prueba del agodón de lo que habitualmente analizamos en Xbox One o PS4, sin duda que este juego se quedaría muy lejos de lo que debería ser un título ‘next-gen’. Tanto incluso como de otros ID@Xbox que son más apuestos y entretenidos y, sobre todo, profundos y complejos de jugar. Aquí todo está invadido por la sencillez, tanto en sus formas como en el motor que muve la diversión.

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Es por eso que seguramente A Crowd of Monsters tendría que haber decidido mejor dónde aplicar la mayor fuerza: si en las opciones de juego (modos, multijugador, etc.) para pasar por alto las limitaciones técnicas de un presupuesto ajustado, o sin embargo poner todas las ganas en algo que sorprenda visualmente aunque al final perdamos en diversión.

En esa tierra de nadie parecen haberse quedado, ya que ninguna de las dos patas alcanzan el nivel para considerarlo como un título con el que pasar largas tardes de diversión, o continuados desafíos contra la comunidad por que, como antes os decíamos, no hay rastro de interacción con el mundo y otros jugadores.

Como ‘runner’ es divertido (como todos los ‘runner’), te hace pasar un rato descuidado de tus problemas y llega a picarte pero hay un momento en el que se acaba y entonces comprendes que ya no lo volverás a jugar más. Que ahí se termina todo. Es justo en ese instante cuando nos planteamos si incluso el precio es excesivo. Mirad, sin ánimo de querer criticar hasta lo que cuesta, es un juego que ya a 4,95€ sería caro en una App Store de Apple o en la Google Play, por lo que casi 13€ en Xbox One se nos antoja algo desmedido.

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En fin, Funk of Titans es un juego muy simplón, que seguramente falla en lo esencial, en la fórmula de juego más que en otros elementos accesorios como el de los gráficos. Tiene un problema con lo que es, que no parece estar sincronizado con la plataforma en la que ha aterrizado… salvo que en los planes futuros de A Crowd of Monsters esté el que su Funk of Titans llegue a iPhone, iPad o Android.

Eso sí, como ‘coin-op’ para echar una monedas y picarte durante unos minutos con tus colegas sería genial.

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