From Software marcó un estilo propio con la saga Souls. El género ya se conocía desde hacía décadas, pero el estudio tokiota introdujo novedades jugables que encandilaron a los fans, así como una curva de dificultad elevada que convertía la aventura en un mecanismo de causa-consecuencia. Con esta premisa bajo el brazo llega al mercado Lords of the Fallen, un título que apuesta por los valores de From Software aunque con sus propias características.

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Que un estudio de desarrollo se muestre sincero y políticamente incorrecto es bastante raro. En un mundo donde suele predominar la corrección y el lema “lo mío es lo mejor”, pocas veces se reconocerá el tomar referencias de su principal competidor. Pero hay excepciones –como todo en la vida-. Deck13 y CI Games, creadores de Lords of the Fallen, son una de estas: ambos equipos comentaron abiertamente que beben de Dark Souls. Y les honra reconocerlo.

Las sinergias entre Lords of the Fallen y Dark Souls se ven desde el minuto uno, por lo que a aquellos a los que From Software no les atraiga en absoluto, ya saben que este título tampoco lo hará. Así de claro y directo.

Lords of the Fallen ahonda en determinados aspectos para diferenciarse de Dark Souls. Por ejemplo, el más palpable es el argumento, que tiene más peso aunque sin llegar a mimetizarse con el jugador. El juego nos pone en la piel de Harkyn, un criminal que obtiene una segunda oportunidad para luchar contra una poderosa fuerza.

La narración se sustenta con más personajes y cinemáticas, alejándose en este aspecto de Dark Souls. De hecho, le sienta bastante bien este toque más narrativo, que a su vez se ve apoyado con un imponente doblaje (en inglés) y muchas voces de acompañamiento, como puede ser el coger un manuscrito y oír una narración.

El argumento es bueno y entretiene; sin embargo, donde más falla Lords of the Fallen es en el apartado jugable. El control se sitúa en la misma dimensión que Dark Souls, pero tiene algunas “cosas” muy raras, como la cámara. Aunque se puede mover libremente, nunca termina de ajustarse a los parámetros deseados. Es común estar combatiendo con una pared a la espalda y perder el campo de visión durante unos segundos, tiempo suficiente para que el enemigo te rebane la cabeza.

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En un juego de estas características, donde la curva de dificultad es muy elevada, este tipo de errores son imperdonables. De igual manera, se percibe otro error que deriva de la propia complejidad del sistema creado, donde los puntos de control están a bastante distancia entre sí. No obstante, esta tesitura tiene una explicación.

CI Games y Deck13 han creado un sistema de experiencia muy enriquecedor, que premia al jugador que más enemigos elimina sin pasar por un punto de control. A través de un contador, la experiencia obtenida con cada luchador irá multiplicándose sucesivamente, así hasta llegar a un punto de control, donde el contador vuelve a cero. Esta mecánica ofrece a los más habilidosos el obtener más puntos en menos tiempo, aunque siempre con un riesgo: si se cae derrotado, todos se pierden (salvo que se sea rápido y se recupere sobre el terreno).

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Lords of the Fallen ofrece dos maneras de jugar, aunque indirectamente se apuesta más por esta segunda debido a la lejanía de los puntos de control. Esto puede echar a muchos usuarios hacia atrás, que veían cómo las hogueras de Dark Souls sí estaban en intervalos de espacios más reducidos.

Quizás esta sea la novedad principal de Lords of the Fallen, ya que el resto de características propias del género las toma directamente de From Software. De hecho, hay detalles que no se respetan, y son precisamente los que convierten a una obra en especial: que los mismos enemigos tengan diferentes niveles en las mismas zonas (no respetando el clasicismo de los RPGs); que las defensas físicas de nuestro protagonista siempre quiten vida (a pesar de usar una defensa férrea); o que el sistema de peso sea tan complejo.

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Son pequeños “peros” que terminan ensombreciendo el trabajo final, con la hastiada y laboriosa cámara como punta de lanza de los problemas. Por suerte, el apartado técnico luce con total maestría y demuestra el buen hacer del estudio en este campo.

Lords of the Fallen arrancó como una producción de PlayStation 3 y Xbox 360, pero el estudio decidió a medio camino saltar a la nueva generación. Estos cambios nunca son buenos presagios, pero los creativos consideraban que las anteriores consolas se les quedaban pequeñas para sus aspiraciones. Y vaya si acertaron.

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Los escenarios que aparecen son una preciosidad, con un gran nivel de detalle y elementos muy cuidados. El estudio ha apostado por un abanico de mapas muy amplio, desde torreones hasta patios nevados, pasando por bosques e incluso lúgubres parajes. No hay un estilo cerrado y homogéneo, hecho que agradecerá cualquier jugador.

De igual manera, tanto Harkin como los enemigos están muy bien recreados. Todas las armaduras, espadas, escudos y un largo etcétera que podrá portar el protagonista aparecen fielmente reflejadas. El jugador podrá constatar que la armadura que más pesa se vislumbra también en pantalla, lo que provoca unas animaciones más lentas (amén de éstas, que también están muy cuidadas).

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Lords of the Fallen es un producto orientado para toda esa hornada de usuarios que han quedado enamorados de Dark Souls. Tiene su propio sello personal, pero hay otros elementos que no están cuidados (la cámara) o a los que les falta profundidad (véase el equipo o la propia personalización del personaje, que es casi inexistente en rasgos físicos). Un notable juego que, quizás, con un poco más de tiempo de desarrollo habría sido sobresaliente. Harkin, nos vemos en una hipotética segunda parte.

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