Parece cada vez más claro que muchas de esas joyas que van a llegar a la ‘next-gen’ lo van a hacer siempre bajo el formato de títulos descargables, escondidos bajo la piel de pequeños argumentos, personajes simplones y desarrollos tremendamente originales. O cuando menos, lo suficientemente innovadores como es el caso de este Max The Curse of Brotherhood. Microsoft Studios, y Press Play, se han sacado de la manga uno de esos títulos que gusta disfrutar, de los que te piden pausa antes de empezar por que es más que seguro que nos vamos a divertir, y mucho. Así que venga, vamos a remangarnos y a intentar expresar lo bien que nos han caído tanto Max como su hermano Félix, que son los protagonistas de este genial título.

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Un argumento de buenos y Mostachos

Max ha vuelto a casa y se encuentra con una desagradable sorpresa: su hermano se ha puesto a descolocar todos sus juguetes y ha dejado su habitación hecha una pocilga, así que ni corto ni perezoso, abre su ordeandor portátil, busca en Giigle ‘cómo deshacerse de su hermano’ y “et voilà!”, se abre un agujero dimensional en la pared, aparece una enorme garra y, ¡zas!, se lleva a Félix.

Max no lo duda ni un instante y se meterá de cabeza por ese portal para salvar a su hermano que lo ha raptado una cosa azul con pelo y muy malas pulgas. Pero, ¿a dónde va? Bueno, pues sin ánimo de destrozar nada, hay una especie de rey de ese mundo al que hemos ido a parar que necesita de un cuerpo joven para perpetuarse en el cargo. Así que Félix parece la víctima propicia para cumplir sus planes.

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El malvado se llama Mostacho y cuenta con una particularidad, que tiene repartidos por todo el mundo del juego un total de 75 ojos que le van diciendo lo bien, o mal, que están las cosas. Así que ya sabéis lo que debéis hacer cada vez que os crucéis con uno de ellos… ¿verdad?

Estructura ‘puzleriana’

Max The Curse of Brotherhood es un juego de plataformas y no lo esconde mientras nos damos de bruces con una especie de anciana hechicera que será la que durante toda la aventura nos vaya dando ciertas indicaciones. Ahí, que será cuando recibamos el rotulador mágico, ese saltar y saltar descerebradamente de plataforma en plataforma se acabará, ya que buena parte de esos escenarios se convertirán en pequeños puzles que hay que resolver.

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Así, cada palmo del terreno está pensado para que tengamos que dibujar algo con un rotulador y con esa acción obtengamos lo que queremos conseguir. Es decir. Por ejemplo, hay una barrera que no nos deja pasar pero si la golpeamos con una roca caerá creando un puente. Así que hay que coger la roca, elevarla, hacer que se despeñe, ir levantando pequeñas plataformas a su paso hasta guiarla para que golpee el las tablas. O dos enemigos (a los que no se puede matar), que necesitamos quitar de enmedio atrapándolos dentro de una jaula…

Ojo, y no tiene por qué haber mecanismos o enemigos de por medio para que haya un puzle. Muchas veces el mero hecho de llegar al otro lado de la pantalla se convierte en un rompecabezas en sí mismo. ¿Pero sabéis una cosa? En todos estos problemas que nos aparecen, hay un arma que debemos utilizar a destajo: el rotulador mágico de Max. Sin él, no pasaríamos ni de la primera pantalla.

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Rotuladores de destrucción masiva

Max The Curse of Brotherhood no es 100% original, no. Tiene un antecedente, un inspirador, una especie de primer juego que llegó para PS3, Wii, PC, Mac, iOS, etc. en 2011 llamado Max and the Magic Marker y que ya contenía muchos de los elementos que nos vamos a encontrar en este juego de Xbox One. La diferencia esencial es que en este ya las cosas van en serio, el juego es como esperamos de un desarrollo ‘next-gen’ donde no sólo se cuida lo que hacemos o lo que pasa y la idea que le da vida, sino también la estética, el potencial gráfico que es capaz de poner en marcha la consola.

El caso es que Max, que anda solo por ese mundo, no tendrá armas ni nada parecido con lo que enfrentarse a los goblins, luciérnagas y demás bestias, pero sí una herramienta que se torna esencial: el rotulador mágico. Con él podrá pintar (o destruir) en el escenario una serie de elementos que le permitirán escapar de cada puzzle y seguir la búsqueda de su hermano.

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De primeras nos darán la tinta naranja que permite levantar muros de roca para crear plataformas sobre las que saltar para alcanzar otras más elevadas. Eso es lo que parece al principio, pero luego podremos darle más usos. Por ejemplo, alejarnos enemigos subiéndolos para limpiar el camino, apartar objetos gigantes, girar cajas, crear estructuras más complejas con otros rotuladores (como el de las ramas) para fabricar puentes, etc. Esas primeras pantallas se pasan rápido y salvo alguna concreta, como la de la caja que hay que girar, se superan sin mayores problemas.

Después obtendremos la tinta verde, que es la que crea ramas de árboles y nos permite cortarlas para arrastrarlas según el momento. Así, no sólo son perfectas para utilizarlas de plataformas sino que valen para protegernos de las luciérnagas y pasar por delante de ellas sin que nos ataquen. Hay que decir que en este caso, el de las ramas, podemos dibujar con el pad la forma que queramos según las necesidades. Unas veces tendrán que ser redondas, otras con pinta de escalera o, finalmente, como nos apetezca, que para eso somos los que llevamos a Max. Eso sí, el juego, si ve que nos atascamos un pelín, nos dejará caer qué debemos dibujar para que el puzle funcione.

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En tercera posición está la tinta amarilla (verdosa), que es la de las cuerdas o lianas, que podremos a su vez atarlas a los bloques de roca y las ramas para hacer estructuras mucho más complejas. Resultan especialmente divertidos los puzles donde hay que pensar muy rápido para crear una rama y una liana atada a ella para conseguir mover una caja, por ejemplo. Es el caso de la puerta de acceso a la tumba de los cinco gigantes, que requiere de usar cada una de esas tintas en conjunto para conseguir entrar en el templo.

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También recibiremos la tinta azul, que permite dibujar corrientes de agua que arrastran a Max (y los objetos que creemos) en la dirección que hemos dibujado y que son el ‘summun’ de la espectacularidad y la diversión. Eso, sin olvidarnos del último color de tinta disponible: el morado, con el que podremos hacer explotar a algunos objetos que nos puedan estar molestando.

No creáis que cuando os ponéis a dibujar la tinta es infinita y es posible dibujar una liana gigante, una rama larguísima o una columna de roca que toque los cielos, no. Al apretar el botón veremos un círculo que nos señala cuál es la longitud máxima a la que puede llegar nuestro dibujo. Esto está hecho para que la resolución del puzle no sea tan fácil y sólo con dibujar sin límite ya obremos el milagro de que Max cruce un precipicio. Y se agradece esta limitación porque es una de las claves de la diversión de Max The Curse of Brotherhood.

Una aventura para disfrutar

Press Play, los desarrolladores del juego, han creado un título especial, no sólo por su desarrollo sino por su puesta en escena. Muy lejos queda aquel primer título 2D con apariencia ‘toon’ frente a este desarrollo mucho más serio que aprovecha una buena parte del potencia de la nueva Xbox One. ¿Una parte sólo? Bueno, no es que este Max The Curse of Brotherhood sea la repanocha gráfica, pero sí que se perciben esas mejoras que da la ‘next-gen’, sobre todo en la iluminación de todos los entornos y esos juegos de claroscuro cuando nos adentramos en cuevas o en lo más profundo de la selva.

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Gráficamente cumple lo que necesita la historia y tal vez, hemos detectado que los fps caen un poco en ciertos momentos, bajando la suavidad general, sobre todo, en las secuencias que se sirven del propio ‘engine’ y que no son juego y se producen al final o al inico de algunos niveles. Es ahí cuando parece que le cuesta a la consola aunque luego, en lo que es juego-juego, no se nota apenas ninguna ralentización.

Obviamente no se le va a crucificar por cosas así, máxime cuando no afectan al desarrollo general que está muy bien pensado. Tanto que hasta el hecho de dibujar con el stick se hace de forma sencilla y cómoda. Evidentemente hubiera sido mejor tener a mano un panel táctil o algo parecido pero se aguanta sin el menor problema.

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En lo que sí destaca este juego es en su ambientación. Hay momentos al principio del juego en el que nos hemos retrotraído a lo que sentimos al disfrutar por primera vez de Another World, aquel mítico juego de Dolphine, aunque si nos miramos en los enemigos descerebrados que lo pueblan, Max The Curse of Brotherhood llega a hacernos recordar algún que otro Oddworld, incluido el mega-convertido Stranger’s Wrath con sus criaturas peludas y sin patas o con ojos saltones.

En fin, estamos ante un título que por su precio (apenas 15€) y tipo de diversión es un claro candidato a ser descargado en nuestras Xbox One. Es muy divertido, innovador dentro del panorama actual de mega franquicias y cuenta con la cantidad mínima de horas exigible a un desarrollo de estas características. Tomándonoslo con mucha tranquilidad, en apenas dos días lo tendremos acabado. Otra cosa es buscar todos los extras que tiene. Ya sabéis. Que si tesoros, ojos de Mustacho, etc.

Imágenes del juego

Vídeo del juego

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