4A Games pertenece a esa generación de estudios de Europa del Este que comenzaron a salir durante los primeros años de la década pasada, de principios de siglo. Todos, además, cumplían un primer requisito que se ha replicado en otros ejemplos y del que este Metro Redux es un claro exponente: el virtuosismo técnico.

Si por algo se caracterizan, por ejemplo, 4A Games o CD Projekt Red, amén de alguno que otro más que seguramente nos dejamos, es su soberbio manejo de la tecnología y de lo perfectos que son sus motores gráficos. Iniciaron su andadura enseñando con apuestas jugables bastante discretas pero a medida que han pasado los años y han aprendido, los resultados empezaron a ser excelentes.

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Metro Redux es el nombre que han elegido sus creadores para referirse al pack de Metro 2033 y Metro Last Light que han llegado a PS4 y Xbox One (PC también) que podríamos considerar como ‘remasterizaciones’, pero que en realidad esconden algunas cosillas más.

Metro es de esas sagas que tienen unos pilares muy sólidos ya que a 4A Games le debemos otro título que, en lo esencial, parece una primera puesta en escena de esta franquicia: S.T.A.L.K.E.R. Se desarrollaba en un mundo post-apocalíptico con Rusia y Chernobil como radiactivos escenarios y esbozaba algunas cosas de esa estructura abierta que en muchos casos tienen los ‘Metro’.

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Metro Redux es, de todas formas, la primera oportunidad que tendrán los jugadores de disfrutar de esta saga en la ‘next-gen’ ya que el principal de los cambios ha llegado en su acabado gráfico. Por cierto, en PC también sale aunque esas mejoras no serán tan evidentes al ser la versión original (sobre todo de Metro Last Light) y, ya desde el principio, un auténtico portento técnico que dejaba a las versiones de PS3 o Xbox 360 en una broma de mal gusto (permitidme la exageración).

Post-nuclear y apocalíptico

Metro Redux se desarrolla en un mundo hecho trizas, colapsado por la guerra nuclear y donde lo que queda de Humanidad se esconde bajo tierra en los túneles de los metros de las ciudades. A nosotros nos toca vivir en Moscú, en Rusia, y pertenecemos a una de las facciones que han ido apareciendo a lo largo de los 20 ó 30 años de de post-guerra que narra la historia de ambos juegos.

Ese mundo ya no es el mismo que conocimos y la superficie no es habitable, salvo que salgamos protegidos con máscaras y filtros a cascoporro. Es por eso que la mayor parte de la acción tiene lugar en los túneles y es ahí donde llevaremos a cabo los cometidos más trascendentes.

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Uno de los grandes atractivos que 4A Games supo coordinar con la acción FPS fue la del argumento. Lo normal es que estos juegos no profundicen mucho: te dicen quiénes son los malos, te informan de dónde están y ya sabes lo que hay que hacer. Cargárselos a todos mientras piden clemencia con frases intrascendentes.

Eso con Metro Redux no es así ya que la historia tiene su ‘aquél’, sus giros, sus personajes y sus enredos entre facciones. No olvidemos que la humanidad es ahora su principal enemigo y hay momentos en los que uno desea que las bestias del interior se cuelen en el metro y se coman a todos los vivos. Luego están ‘los oscuros’, pera esa es otra historia que no os vamos a desvelar por que es el auténtico centro neurálgico de estos títulos.

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La sociedad que ha surgido tras la hecatombe es un reflejo de lo que era anteriormente pero con más carencias y muchísima más violencia. La vida no vale un pimiento (ruso) y la moneda de cambio acaban siendo las balas. Parece mentira pero así es en Metro Redux, nuestra principal defensa contra los enemigos es, a la vez, el recurso esencial para conseguir objetos, mejoras y armas más potentes.

Así que cuando estemos en plena misión, ¿qué hacemos? ¿Disparamos sin mirar a los enemigos aunque bajen las balas o intentamos ahorrar alguna para luego ‘trapichear’ con algún comerciante? Pero aquí no acaban los problemas. Ya podemos ser los más ahorradores del mundo, que tendremos que gastar un montón de recursos para mantener en perfecto estado de funcionamiento nuestro equipamiento.

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Tened en cuenta que todo lo que hay en las armerías del metro (armas y municiones) se fabricó ya bajo tierra por lo que todo aquel material que podamos rescatar de la superficie será mucho más valioso. Tanto las balas como otros componentes son de peor calidad en nuestro mundo subterráneo que las que se fabricaron antes del advenimiento del apocalipsis. Así que interesa explorar cada rincón del mapa por que nunca se sabe dónde podemos encontrar un pequeño tesoro.

Ojo, que esto de andar pendientes de la munición y de cada balazo que pegamos (los tiros a la cabeza se vuelven obligatorios) solo ocurrirá si escogemos el modo de juego llamado ‘supervivencia’, que es el original de esta saga Metro. Pero para esta edición Redux, 4A Games se ha sacado de la manga el llamado ‘modo Espartano’: hay munición y botiquines por todas partes y el sigilo no importa. Lo que vale es ‘entrar a saco’ y disparar en todas direcciones.

Salir al exterior es muy peligroso, pero quedarse bajo tierra, todavía más

Si nos decidimos a salir al exterior, nos van a esperar una legión de bestias mutantes que son los restos de la antigua vida animal (¿y humana?) tras pasar por el filtro de la radiación nuclear. Con ellos habrá que lidiar, pero también con otros peligros. Y es que el aire ha dejado de ser respirable y, por lo tanto, hacen falta máscaras de gas.

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Ese ítem, que es esencial, tiene un ‘consumible’ que se va gastando con el paso de los minutos y son los filtros, que no nos garantizan que duren lo suficiente como para acabar la misión que tenemos en marcha. Así que hay que llevar de más.

Pero vamos a imaginar que el exterior nos parece muy difícil… ¿nos recluimos en los túneles? Pues no sabemos decir qué es peor. Dentro de la red del metro (y alrededores) también hay bestias, de las mutantes, las oscuras y las humanas, que son las peores, y que se esconden en los lugares más lúgubres que podáis imaginar.

Para ver allí lo que hay, no nos queda más remedio que llevar linternas y éstas, a su vez, gastan baterías que hay que comprar con las pocas monedas (munición) que nos queden. Como veis, estos Metro no es que sean de repente un juego de gestión y estrategia, pero cuentan con esta ‘pata’ y hay que tenerla en cuenta ya que de no cuidarla, podría resentirse la jugabilidad.

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Cuando salimos de misión en Metro Redux no penséis que todo se resuelve a balazos. Cada estación de metro es casi como una pequeña ciudad blindada donde viven clanes que buscan gobernar a los demás. Si tienen riquezas o temen que alguien les vaya a atacar, pondrán trampas para detectar que alguien se acerca y entonces, toca ser sigilosos.

Los cristales rotos, al pisarlos, hacen ruido y los guardias los escuchan. Las trampas de cuerdas nos pueden restar vida y las latas colgadas del techo rápidamente delatan nuestra posición. ¿Y las luces? Pues toca apagar bombillas o quitarlas y con la oscuridad como escudo atacar silenciosamente. Esto último podemos conseguirlo en la armería, personalizando cada uno de nuestros rifles, fusiles, ametralladoras o lo que sea añadiéndoles unos buenos silenciadores.

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Las misiones no son en ambos juegos todo lo abiertas que uno desearía pero hay ciertos trabajos que podemos elegir o no. Es una manera de abrir el abanico de lo que pasa en Metro Redux pero no creáis que estamos ante un ‘sandbox’. Son dos títulos lineales pero con ciertas (muy, muy pequeñas) dosis de libertad en algunos cometidos muy concretos.

¿Y esto de Redux qué es?

Los que ha hecho 4A Games es pasar por el mismo filtro a los dos juegos de tal manera que llegan a funcionar como uno solo. Está claro que cuentan historias correlativas, es decir, que casi donde acaba Metro 2033 empieza Metro Last Light, así que tiene el interés de ver lo que pasa con la vida de Ayrtom y ese poder de comunicarse con ‘los oscuros’.

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Metro 2033, que es el más antiguo de los dos, ha sufrido un pequeño lavado de cara ‘gráfico’ que, a pesar de esos 1080p y 60 fps, todavía huele a ‘old-gen’. Es una sensación general que se percibe por todas partes, a pesar de lo bien que pinta. Al fin y al cabo se trata de una remasterización y hay ciertos elementos como los modelados de escenarios, enemigos y demás personajes que no pueden escapar del implacable paso de los años.

Metro Last Light, sin embargo, aguanta mucho mejor la comparación con lo que es posible disfrutar en una PS4 o Xbox One, ya que es el juego más moderno y por el que menos han pasado los años. Además, recordad que ya la versión de PC fue en su día infinitamente mejor que la de PS3 y Xbox 360 y es ese trabajo el que ha aprovechado 4A Games para su ‘port’ a la ‘next-gen’.

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Ese tamiz por el que han pasado los dos juegos es, por ejemplo, el del interfaz. Metro 2033 y Metro Last Light tenían en principio dos maneras de enseñar las cosas (información, accesos, misiones, etc.) diferente pero ahora se han unificado, de tal forma que los que prueben Metro Redux, al jugar con el primer título no notarán apenas cambios cuando se pongan con el segundo segundo. Esto ayuda bastante y ha beneficiado a la experiencia de juego.

Por cierto, con el DualShock 4 tendremos algunos usos exclusivos: por ejemplo, la luz nos indica si estamos bien protegidos por la oscuridad o no y si pulsamos sobre el panel táctil, accederemos a la brújula.

Un elemento que hemos encontrado ‘extrañamente’ confuso es el del sonido. Las voces en español (que nos podrán gustar más o menos, pero al menos está traducido) no están muy bien balanceadas con el resto de conversaciones que escuchamos y hay veces que nos confundimos. 4A Games, al crear el mundo subterráneo, lo ha concebido como una sociedad viva donde podemos escuchar lo que hablan los corrillos de supervivientes que hay repartidos por sus estancias.

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Esto supone que si andamos hablando con alguien (para hacer una misión), de repente se nos cuele otra conversación cercana y acabemos por no saber con quién están hablando. ¿Con nosotros? ¿Con otro? Además, hay momentos donde los efectos de sonido tapan casi por completo los diálogos y no nos quedará más remedio que activar los subtítulos para seguir el argumento. En otros puntos, se echa en falta una mayor fluidez por parte de nuestro personaje, que apenas responde a nadie, con lo cual queda una sensación de vacío en las órdenes o consejos que nos dan los otros personajes de la historia que se nos quedan mirando con cara de “¿pero no me dices nada?”.

En fin, Metro Redux es una recopilación de dos juegos ‘remasterizados’ para la ‘next-gen’ cuya única razón de ser es la de ofrecer una expertiencia distinta dentro del género de los ‘shooter’ a aquellos que no hayan oído hablar de esta franquicia. Es más, sus apenas 40€ que cuesta y el hecho de tratarse de dos juegos (con todos los DLC que salieron en su día reunidos) le convierten en una opción irresistible en PS4 y Xbox One.

Una opción que no es del todo ‘nextg-gen’ en su concepción y materialización gráfica, pero que sin duda está preparado para entretener a todo el que se ponga por delante. Y eso, en los tiempos que corren, nunca es una mala noticia.

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