No estamos ante una de esas series por las que todo el mundo se chifla pero ha tenido siempre argumentos para caer bien, sobre todo por que en su ADN está el pertenecer a una estirpe de juegos que nacieron al calor del éxito arrollador de una saga llamada Diablo. Su nombre es Sacred, fue creada por Ascaron y ahora nos llega la última entrega: Sacred 3.

Desde sus inicios en 2004 apenas queda nada. Ascaron ha cerrado y no hay un hueco que cubrir por la ausencia de un Diablo que llevarnos a la boca ya que la tercera entrega de los de Irvine sigue en pleno apogeo y con una Ultimate Evil Edition a las puertas. Aquel tiempo de entreguerras de principios de siglo fue usado muy hábilmente por sus creadores que buscaron hacerse con cierta ‘familla’ entre los ‘peceros’. Y lo consiguieron.

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A eso ayudó una excepcional edición española desarrollada por FX Interactive (ahora en horas muuuuy bajas), lo que le permitió a Ascaron vender decenas de miles de unidades. La semilla ya estaba plantada y los que ahora conocemos el género como ‘hack’n’slash’ (pero que entonces era un ARPG -Action RPG- como un piano de grande), disfrutamos como locos dando vueltas por Ancaria.

De Ascaron a Deep Silver

Tras el éxito inicial, Ascaron quiso probar a ver si en consolas funcionaba su fórmula y Sacred 2 salió primero en PC pero luego dio el salto a PS3 y Xbox 360. Seguramente algunos os acordéis de él pero lo cierto es que acabó siendo uno más y toda la magia del PC se difuminó. Desde entonces, la historia que vivimos es la de un estudio que cierra y unos derechos que caen en otras manos y así, Sacred pasó de Ascaron a Deep Silver.

Sacred 3 es la continuación (numérica) de la serie aunque se aleja bastante de todo lo que vimos en las dos primeras entregas en cuanto a concepción general del juego… aunque luego en el ‘golpe a golpe’ más o menos esa fórmula original aún sigue respirando.

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Está claro que cambiar de la noche a la mañana un ‘hack’n’slash’ es complicado pero Deep Blue ha tomado la decisión de hacerlo toda vez que es el primero que sale bajo su tutela. Bueno, esto no es así ya que salió otro el año pasado, llamado Sacred Citadel, y que podríamos decir que tiene algo que ver con este Sacred 3: hay clases, golpes a destajo y una cara más o menos detacable de rol.

Eso sí, en la cuestión gráfica Sacred Citadel y Sacred 3 se parecen lo mismo que un huevo a una castaña ya que uno parece un arcade 2D (aunque 3D de materialización) de scroll lateral, y el otro se baña en las tres dimensiones de una perspectiva isométrica clásica. La misma que es posible ver en un Diablo de los de toda la vida.

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Sacred 3, además, es una simplificación de la fórmula de los dos primeros juegos donde el ‘open world’ era una constante en cada uno de sus mundos. Si recordáis aquellos juegos, teníamos a nuestros pies un mapa enorme, del que salían las mazmorras o los escenarios secundarios donde debíamos completar las búsquedas. Es más, por Ancaria había un buen puñado de NPC que nos daban pistas y algunas misiones alternativas (o secundarias) que ahora han desaparecido. Tanto lo uno como lo otro.

Ahora todo es más sencillo, ‘pasillero’ y hasta limitado ya que iremos visitando los mapas por el orden en el que vamos ganando nuevos niveles de experiencia: las fases solo nos dejan pasar si tenemos un ‘level’ mínimo por lo que existe ‘una especie de corsé’ que solo nos permite escoger entre las misiones que están a la altura de nuestro ‘char’. Unas veces las misiones nos mandan completar objetivos que tienen que ver con la historia principal, y otros simplemente sirven para ir obteniendo algún tipo de bonificación.

Rol no hay mucho, un poquitín si acaso

Precisamente, todo lo que tiene que ver con la parte rol es la que más ha aligerado su carga en Sacred 3 y todo lo que tiene que ver con la gestión del personaje es muy básico, tanto que el inventario brilla por su ausencia (apenas pociones y ya está) y, por consiguiente, todo lo que tiene que ver con la consecución de items o mejoras para las distintas partes de nuestro ‘tier’.

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Es un poco sorprendente, la verdad, por que uno de los pilares que sustentan a estos juegos es precisamente esa posibilidad de ir mejorando constantemente al protagonista, y no solo cuando sube de nivel y hay que aplicar la experiencia aprendida en nuevas habilidades. Precisamente, estas funcionan al estilo Diablo con una principal y otra secundaria que irán gastando la energía que consuma nuestro héroe.

Por cierto, aquí se mantienen los cuatro protagonistas principales que gozan de clases diferentes: Claire, la Seraphim, que maneja como ninguna las espadas, Marak, un Safiri con armas inmensas, Vajra de los Khukuri, arquero y dominador del hielo y por último Alithea de Ancaria, lancera y herrera con poderes de tierra. Si os debo ser sincero, a la hora de jugar no parece haber muchas diferencias entre unos y otros ya que, precisamente, esa parte rol del inventario y la gestión (o crafteo, etc.) ha desaparecido.

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¿Simplificación? Yo diría que algo más. Quitarle toda esa pata a Sacred 3 es rebajar sustancialmente parte del encanto que traía de serie, de cuando la franquicia pertenecía a Ascaron y las cosas tenían más sentido. ¿Casualización? Bueno, llamadlo como queráis, pero es cierto que al final han dejado que Sacred 3 sea un correr para matar enemigos sin esperar nada especial.

Y es que el ‘looteo’ es de lo más soso ya que no hay objetos, simplemente experiencia y en algún momento energía, salud que nos recupera la vida al personaje que hemos escogido y de ‘Pascuas a Ramos’ un extra (oootra poción). Pero aquí se acaba todo. No hay más donde rascar.

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Despojado de su esencia más fundamental, Sacred 3 se queda completamente en cueros, sin apenas elementos de interés para seguir jugando más allá de que pasemos las fases para saber qué ocurre en la historia. Es que incluso ese espíritu de exploración desaparece al cambiar la organización de las misiones y cerrar la puerta a un mundo abierto como era el de Sacred 1 y 2.

¿Deep Silver ha tomado el camino correcto?

Eso nunca se sabe. Está claro que para gustos los colores pero cuando Sacred fue creado por Ascaron, la idea parecía muy clara: centrarse en la esencia Diablo y estar ahí en el mercado manteniendo vivo un género que Blizzard suele tener descuidado cada muchos años. No en vano, de Diablo II a Diablo III pasaron nada más y nada menos que 12 años.

El papel de Sacred fue en sus dos primeras entregas mantener viva esa llama de los ARPG, al igual que otros competidores como Torchlight o Titan Quest, que supieron ver dónde había un nicho enorme de jugadores ansiosos de no parar nunca de eliminar enemigos, pero con ciertos toques de rol.

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Deep Silver ha creído conveniente no seguir ese camino y puede ser que no se equivoque. A lo mejor hacemos mal en esperar lo mismo que en los dos primeros juegos y el mercado va por donde señala este Sacred 3. Total, estamos hablando de un juego con una factura más que buena, que entra por los ojos y que es sencillo de entender. ¿Por qué un jugador que no quiera complicarse con ‘roladas’ no va a divertirse?

En ese punto podría estar la salvación de este juego. En no compararlo constantemente con lo que fue y dejar que con lo que tiene acabe por convencer a sus potenciales jugadores de que es muy entretenido. A nosotros nos lo pareció, pero echábamos en falta mucho esa parte RPG que hace que eso de eliminar a miles de bestias tenga sentido.

Sacred 3 es un juego más que, tal vez, perdió la oportunidad de haber alcanzado cotas mayores. ¿O tal vez no?

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