Cuando el año pasado vimos por vez primera las imágenes de este Screamride, la verdad es que pocos podían imaginarse cuál sería el cogollo de juego y que tenía en los parques de atracciones su mayor punto de apoyo. Aunque aquí hay un elemento diferenciador: y es que no importa que nadie disfrute por que los ‘dummies’ vivos que se han ofrecido a probar nuestras atracciones no le tienen miedo a nada.

Este es el ‘leitmnotiv’ de Screamride, un juego exclusivo de Xbox One y Xbox 360 que parece más de lo que imaginamos al principio. Sobre todo si tenemos en cuenta que no es un título especialmente largo ya que lo confía todo a la comunidad, a los trabajos que realicemos para compartirlos con el resto de usuarios de todo el mundo.

Análisis Screamride en Gamerzona.

Así que si no tenemos el objetivo de divertir a los pacíficos habitantes de Screamride, ¿cuál es el objetivo? Pues esencialmente pasárnoslo bien sin reparar en los daños que causen nuestros actos. Que ya os avanzamos que no serán pocos.

Bienvenidos al parque temático

Screamride es un enorme centro de entretenimiento donde se ponen en práctica algunas de las atracciones más divertidas que podáis imaginar. No hay argumento, no hay un objetivo de crear un imperio inmenso del negocio del ‘entertainment’ y tampoco nos vamos a preocupar del bienestar de las personas que pululan por la pantalla.

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¿Os acordáis de aquel mítico Theme Park? Pues aquí no hay nada de eso. No hay que controlar la sal de la patatas, o el precio de las bebidas, o lo que cuesta la entrada, sino que hay que superar cada nivel dentro del modo campaña cumpliendo ciertos objetos. ¿Y cuáles son estos? Pues en la mayoría de los casos se trata de destruir todo lo que podamos. O alcanzar la mayor velocidad posible.

Análisis Screamride en Gamerzona.

La campaña se divide en tres pruebas distintas que recorren el mundo a lo largo de seis escenarios de Norteamérica, el Caribe, norte de África, el Océano Índico, Japón y la Antártida. Todos hay que superarlos y no abriremos cada nueva serie sin completar las anteriores de las diferentes ramas. ¿Y cuáles son? Pues mirad.

Screamrider o agárrate como puedas

Estas pruebas son básicamente las de manejar un vagón de una montaña rusa, acelerando cuando es necesario o nos lo piden e inclinando el vehículo según las curvas para evitar que los pobres ‘dummies’ salgan volando en cualquier requiebro. Aquí no tendremos que editar nada de las pistas o tramos y simplemente hay que disfrutar del viaje haciendo como que conducimos las atracciones que ya vienen diseñadas de serie.

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No se trata de fases muy complicadas salvo por estar atentos a cuándo hay que pulsar la ‘X’ para acelerar o esos tramos que siempre hay donde se mezclan giros pronunciados a un lado u otro y que si nos los negociamos correctamente, provocará que nuestros personajes acaben volando por los aires.

Análisis Screamride en Gamerzona.

Como ocurre en todo el juego, el problema no es tener que empezar la fase, sino que al no encadenar los movimientos correctamente los bonus no se van acumulando y la puntuación será más baja. Cosa que en Screamride no nos podemos permitir.

Experto en demoliciones

Este es, si acaso, el modo que de verdad hace crecer el juego, por lo que tiene de divertido y de ser una especie de enorme puzle que nos va a picar de lo lindo. Para que os hagáis una idea, aquí hay un brazo que gira y en su extremo tiene un proyectil tripulado por un par de hombrecillos. Esta bala puede ser de varios tipos: una bola metálica normal, otra capaz de botar, una que amortigua la caída y luego otras dos capaces de dividirse en varias partes, volar o explotar, como si fuera un bomba.

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Con el brazo giraremos la cápsula donde van los ‘dummies’, le daremos velocidad y ángulo y la tiraremos contra las estructuras que hay en el escenario. Como si fuera un juego de bolos. Cuando hablamos de estas ‘estructuras’, nos referimos a edificios que hay en islas habitadas por otros hombres y mujeres virtuales, que cuando vean que el apocalipsis se les viene encima, saldrán corriendo despavoridos.

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¿Objetivo? Pues provocar la mayor cantidad de daños posibles y, a su vez, intentar que con cada lanzamiento los daños no paren de sumar miles y miles de puntos a nuestro marcador. Esto es posible por que según golpeemos en un edificio así caerá y si tenemos esto en cuenta, podremos crear ‘demoliciones en cadena’ que van a reportarnos una buena cantidad de recompensas.

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Juega a ser ingeniero

Por último tendremos una mezcla de las dos anteriores aunque sin el elemento de demoliciones que, aunque está presente, no afectará a las puntuaciones finales. Así, entraremos en contacto con el editor de montañas rusas, ese que nos permite colocar fácilmente cualquier tipo de vía o estructura más compleja capaz de permitirnos cosas como rizos, giros sobre nuestro mismo eje o aceleradores.

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Aquí los objetivos tienen que ver con las distancias de lanzamiento, la velocidad máxima de la montaña rusa o los descensos más acusados, que puntuarán para darnos rango dentro de los llamados ‘Commendation‘. Es a base de ir sumando estos que podremos desbloquear los siguientes niveles dentro de la campaña que es la que de primeras nos va a suponer un reto de juego.

El editor de Screamride

Al final, por mucho que la campaña esté ahí presente, donde está el auténtico cogollo del juego es en su editor, que nos permitirá crear cualquier cosa que imaginemos. En este punto hay que decir que no nos encontramos ante una herramienta sencilla en los primeros momentos, por que nos deja calibrar cualquier pequeño detalle para construir desde islas con las estructuras más complejas hasta montañas rusas o plataformas de demolición en ciudades o escenarios propios.

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Pero claro, aunque nos pueda llevar un rato ponernos a diseñar una de estas fases, cuando el juego llegue a las tiendas se abrirá la espita para que empiecen a llegar miles y miles de creaciones de la comunidad, ya que todo lo que hagamos podremos compartirlo. Del éxito del juego (que por cierto, apenas cuesta 40 euros), dependerá que tengamos mucho que jugar cada día o no. Así que en Microsoft deberían andar rezando para que la cosa funcione.

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De verdad que esta parte, llamada ‘sandbox‘, es muy, muy profunda y vais a tener que dedicarle tiempo ya que pone todas las tripas del juego a nuestra disposición para que hagamos con ella lo que queramos, y eso a la fuerza entretiene, aunque tras varias horas poniendo y quitando bloques de césped, metal o cemento terminemos por cansarnos. Pero siempre podéis guardar lo que llevéis y explorar ideas que están llevando a cabo otros usuarios.

Chilla aunque sea lo último que hagas

Visto en su conjunto, Screamride no es un juego muy extenso si tomamos la campaña como unidad de medida por que al final ofrece unos 24 retos por tipo de juego, de esos tres que antes os contábamos. Aunque podrían parecer pocos, lo cierto es que tienen un alto nivel de rejugabilidad, por que al permitirnos ir acumulando puntuación a base de correr por las montañas rusas o destruir todo lo que veamos, siempre podemos picarnos para conseguir ese ‘combo’ que nos va a dar todas las ‘Commendations‘.

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Es por ese lado por el que de verdad entretiene y deja en un segundo plano todo lo demás. Sin quitarle mérito a su editor, que es completísimo y deja hacer auténticas virguerías. Dedicándole tiempo, pero si el objetivo es pasarlo bien y hacérselo pasar a los demás, ¿por qué no invertir unas cuantas horas?

Gráficamente es correcto. Tiene los gráficos que necesita el juego, sin alardes, por que nos da la sensación de que mucha del potencia de la consola lo gasta en esos efectos de partículas que están muy conseguidos cuando destruimos un edificio. Dependiendo de dónde le alcancemos y en qué zona, así caerá, llevándose por delante otras estructuras o no tocando ninguna.

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En este aspecto Screamride es un juego muy conseguido, muy real dentro de la ficción y afecta en el pique que nos pillamos. Al no contar con ‘daños programados’, sino que los calcula en función de cada disparo, no encontraremos dos impactos idénticos en el modo demolición, que es de los tres el más entretenido de largo.

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El de ‘pilotar’ vagones de montaña rusa la verdad es que no deja de ser un curioso añadido que está bien pero no anima, no alegra, no te sube la moral. Cosa que sí ocurre cuando tenemos toda una ciudad lista para caer al suelo a golpe de cápsula tripulada.

Exclusivo de Xbox

No es un juego que podamos decir que es de los imprescindibles. Siquiera que os va a tener muchas horas entretenidos con la campaña, que es muy corta, pero si os desafía en la parte de la construcción entonces sí que tenéis juego para rato. Dependerá de que esto sea así que de verdad decidáis disfrutarlo con el editor a largo plazo y que el inglés no os moleste, por que no lo han traducido.

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Bueno, también hay que resaltar su humor corrosivo, ese maltrato sistemático de los ‘dummies’ que viven en ese lugar y que son el contrapunto cómico a un juego donde la mayoría de ellos se juegan la vida en cada atracción en la que se sube. ¡Y sin cobrar un euro!

Un juego curioso, entretenido mientras dura y con vocación de hacer comunidad. Bueno, cortito y barato.

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