Hay juegos dentro de este panorama ‘indie’ que entran por los ojos, sobre todo por sus constantes homenajes a clásicos de la historia de los vidoejeugos, en los que se fijan y de los que cogen gran parte de sus ideas fundamentales. Ojo, que la gracia de este SteamWorld Dig no es solo por lo que ‘copia’ sino por otros muchos detalles. Mirad.

SteamWorld Dig no es un juego nuevo, salió hace un año exacto para Nintendo 3DS, en diciembre de 2013 lo hizo en PC y luego en marzo ya de este año PlayStation Network para PS Vita y PS4. Así que, curiosamente, ahora se cierra el círculo con una máquina de Nintendo, Wii U, que será la que vea llegar la ‘vieja’ creación para la portátil de los japoneses.

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La historia nos traslada hasta una especie de pueblo del Salvaje Oeste donde viven cuatro personas: tres que están en la superficie, y una que somos nosotros, los protagonistas que, por lo visto, hemos heredado una mina de un tío lejano y nos toca explorarla a ver qué encontramos.

A picar al Lejano Oeste

Cuando antes os decíamos que su ‘pedigree’ no es nuevo, es totalmente cierto y salvando algunas distancias, pone en marcha la mítica idea de Boulder Dash. Al principio camufla bastante esa fijación por el clásico de First Star pero luego ya se destapa en todo su esplendor, añadiendo mejoras lógicas para intentar ponerse a la altura de los tiempos.

Esencialmente, SteamWorld Dig nos pide que excavemos, que abramos todo tipo de caminos para ir recogiendo los minerales que hay en su interior. Lógicamente, hay distintos tipos de roca y piedra y según los utensilios que tengamos, así podremos atravesarla o no. Al principio no podremos más que picar en la más quebradiza pero luego ya la cosa irá mejorando por que uno de los habitantes del pueblo nos dará una herramienta más potente.

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Esa es la mecánica SteamWorld Dig: nos abrimos paso por roca poco resistente, recogemos los recursos que nos ponen a nuestro alcance y salimos a la superficie a mejorar los utensilios para poder acceder a otras zonas del mapa. Estos lugares suelen tener accesos típicos como puertas de salida pero que están rodeadas de piedras que no podemos romper. Así que ya sabéis lo que toca. Lo que antes os dijimos para seguir avanzando.

Pero hay más. En el fondo de la mina cada vez llega menos luz del sol y toca alumbrarse con velas (o lo que sea que tengan en el juego) que, por desgracia, tienen una barra que irá menguando a medida que nos metemos dentro. De camino veremos faroles por los que podemos pasar y ganar algo de tiempo, pero tarde o temprano hay que salir a la superficie a recargar. Que se acabe la luz no equivale a que nuestro personaje muera, pero sí que no nos permitirá ver cómo es la calidad de la roca donde andamos picando.

La mina no solo esconde rocas, minerales e incluso alguna piedra preciosa que otra. También hay enemigos que al matarlos nos recuperan la vida o piedras que cuando excavamos debajo de ellas, nos caerán sobre la cabeza. Aquí es precisamente cuando de repente nos asalta ese espíritu Boulder Dash de los años 80 que fue, en aquellos primeros años de los videojuegos (como industria), uno de los títulos que más versiones tuvo. Desde ordenadores a microordenadores y consolas.

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No hay que buscarle tres pies al gato

Steamworld Dig no tiene mucho más, salvo por que nos pica para que juguemos una y otra vez dando pequeños sorbos con cada nueva sección de la mina que se va abriendo. Esta es la auténtica forma de divertirnos con el juego, no parar de abrir caminos por la roca para conseguir todas las riquezas posibles y, de paso, ir conociendo nuevas galerías que parten de la principal a la que accedemos al iniciar la partida.

Sin duda, este título no aspira a sustituir a un GTA V por cantidad de opciones de juego, pero sí que lo intenta por la vía de repetir una fórmula que ha sido de un otundo éxito cada vez que la han puesto en marcha. Boulder Dash es el ejemplo más claro: un título con una sencillez de planteamientos bestial y que aún hoy podría divertirnos sin cambiar nada de lo que enseñó en los años 80.

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Este juego en Wii U es idéntico y ya os digo que pica… durante un tiempo. Aunque llega un momento en el que los escenarios cambian, y los enemigos se multiplican, e incluso las armas y recursos de nuestro portagonista mejoran, al final la idea que ronda todas las partidas es la misma. Ya sea con roca más o menos fuerte o volando lo que tengamos delante con cartuchos de dinamita que hay que comprarle al bueno de Granky.

Para pasar el rato ‘picado’

SteamWorld Dig no es un juego nada complicado que entretiene desde el mismo principio que le ponemos las manos encima y eso siempre es una ventaja. Sus primeros minutos, incluso alguna que otra hora, son entretenidas y nos invita a seguir avanzando por la mina, buscando nuevas herramientas y objetos.

El problema llega cuando pasamos mucho tiempo delante de la pantalla ya que su fórmula es completamente repetitiva. Por poner un ejemplo, es como los viejos ‘arcades’ donde siempre hacemos lo mismo y el único aliciente tiene que ver con las puntuaciones, con eso de poner nuestro nombre en el ‘Hall of Fame’.

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De no mediar esa excusa, sería muy complicado que SteamWorld Dig nos pueda tener completamente entregados a su desarrollo ya que es de un simple que asusta. Y gracias a eso sobrevive mucho mejor que si no lo fuera. Así que para partidas cortas, es un título realmente divertido… si le pedís más, ya es otra historia.

Vídeo del juego

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