15 años de batallas y de estrategias concienzudas. La saga Total War cumplió en este 2015 esos años entre nosotros. Durante todo este tiempo, hemos viajado a Japón, Roma, la Francia de Napoleón y otras muchas culturales del mundo y de la historia. Pero en esta ocasión, la historia nos lleva de nuevo varios cientos de años atrás, concretamente a la época de Atila el Huno. Qué comience la carnicería.

La crueldad personificada

La caída del Imperio Romano fue uno de los momentos más importantes de la historia. Tras varios siglos gobernando tanto en Occidente como Oriente, la falta de coordinación y estrategia, y la gran corrupción que había en el seno del Imperio, provocaron que el entramado gubernamental logrado durante siglos se viniera abajo como un castillo de naipes.

Los pueblos bárbaros acabaron con todos esos que consideraron sus enemigos durante años. No hubo piedad para ninguno, y rápidamente una de las civilizaciones más boyantes de la Humanidad quedó soslayada bajo el yugo de la barbarie.

Total War Attila recibe el DLC "Largas barbas"

Gran culpa de este derrumbe la tiene el protagonista de este análisis: Atila el Huno. Los escritos lo llaman “El azote de Dios”, un sobrenombre que ya vislumbra lo que este personaje propició en nuestra historia. Algunos historiadores consideran que fue un rey bondadoso, pero el principal rasgo que ha caracterizado a Atila siempre fue uno: la crueldad con la que trataba a cada pueblo a su paso.

Los hunos fueron un público nómada. Llegaron desde Oriente y allá por donde pasaban, arrasaban con todo: destrucción de pueblos, aniquilación de ciudadanos, violaciones de mujeres y un sinfín de hechos que recogen los textos romanos de la época. Uno de los méritos que tiene Creative Assembly con esta entrega ha sido reflejar todas estas características dentro del juego.

total war attila

Uno de los grandes rasgos de este Total War Attila es que el jugador puede construir campamentos donde desee. Haciendo alusión al componente nómada de la cultura huna, ahora cualquier usuario puede levantar un asentamiento en cualquier parte del mapa. Sólo es necesario tener los recursos que se requieren para hacerlo.

Asimismo, esto afecta, a su vez, a toda la línea gubernamental que cae bajo las manos del Imperio. Como muchos sabréis, Total War tiene una vertiente diplomática y otra puramente estratégica al más puro estilo RTS. Para esta entrega, la línea diplomática se ha ampliado considerablemente en opciones, tanto a la hora de las luchas de poder dentro de las familias como la colocación de nuestros ejércitos.

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Un buen ejemplo es que podremos ordenar asesinatos, malversación de fondos, causar revueltas e incluso bajar los impuesto para tener a la población contenta (característica presente anteriormente pero ahora expandida). Da muchísimo juego este apartado, ya que obliga al jugador a acertar en cada turno con la decisión tomada, como viene siendo habitual durante años en la saga.

La mimetización con la cultura huna es tal que la vía diplomática incluye el arrasar los pueblos a nuestro paso. Como algunos usuarios sabrán, con cada conquista territorial se abren una serie de opciones. Sin embargo, para Total War Attila se ha añadido la característica fundamental de este pueblo nómada: dejar todo en cenizas para que el enemigo no pueda recuperar nada de entre los restos.

Total War Attila da la bienvenida al pack de "Culturas celtas" (vídeo)

Aunque durante toda esta crítica sólo estamos hablando de los hunos, que son los grandes protagonistas de esta entrega, hay que recalcar que también aparecen otras civilizaciones. Por ejemplo, encontraremos a los sajones, francos, ostrogodos, vándalos, visigodos, romanos de Occidente y Oriente, y un largo etcétera de civilizaciones.

Todos ellos se pueden controlar tanto en las batallas libres como en las campañas históricas, nueve en total. Cada reinado es un mundo totalmente diferente entre sí, de ahí que todo dependa del buen hacer del jugador.

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Todas estas diferencias culturales se plasman, como es lógico, a nivel diplomático. Sin embargo, también estarán presentes cuando se vire al plano militar. Por ejemplo, no es lo mismo controlar a las imperiosas y bien ordenadas legiones romanas que a los bárbaros hunos. Cada una tiene sus pros y sus contras, y obviamente depende de cada usuario el sacarle partido.

De igual manera, destacar la importancia de los generales. Infligen terror a su paso y suben la moral de sus soldados. Es una auténtica maravilla el poder controlar a Atila y que las estadísticas de todos los guerreros cercanos crezcan exponencialmente. Sólo un líder con carisma es capaz de llevar las riendas de un ejército. ¿Lo serás tú?

Batallas multitudinarias

El componente más RTS se vuelve a entremezclar perfectamente con la vertiente gubernamental. La implementación de ambos apartados parece fácil, pero realmente es bastante compleja y difícil de lograr. Si esto se consigue es porque Creative Assembly la tiene tan interiorizada que no tiene problemas en conseguirlo.

Si decimos esto es porque todas las decisiones tomadas en la diplomacia se vierten en el campo de batalla. Es importante tener la moral de nuestros soldados en condiciones óptimas, así como conformar un ejército variopinto y heterógeneo.

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No obstante, en las batallas no hay muchas novedades respecto a sus predecesores, más allá de las características técnicas de cada ejército. Quizás la dificultad de la IA ha crecido en relación a entregas anteriores, así como el hacer más hincapié en las dificultades meteorológicas o las de la topología del terreno.

De igual manera, el apartado gráfico vuelve a lucir un nivel de detalle correcto, pero continúa con el mismo “pero”: las altas prestaciones demandadas. Puedes jugar a Attila con un PC de gama media, sí, pero para disfrutar de todo su esplendor es necesario sacar la tarjeta (de crédito). Parece que se está convirtiendo en la tónica habitual en los juegos de Total War, pero la optimización deja mucho que desear, y eso que el motor gráfico lleva sin cambiarse desde hace años…

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Total War Attila es otro gran producto dentro de la marca creada por Creative Assembly y SEGA. Cumple con los estándares de calidad que nos tiene acostumbrados y pone sobre el ratón y teclado la jugabilidad de siempre. Eso sí, esperemos que para el próximo exista un mayor salto a nivel gráfico y una mejor optimización…

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